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Rodrigo Arim: “La Udelar no es un lugar de consensos”

Rodrigo Arim: "La Udelar no es un lugar de consensos"

26 de agosto de 2018 | El País | enlace original

Arim quiere arrebatarle la reelección a Roberto Markarian. Está decidido a cambiar la ley orgánica. Promete más participación del interior, desburocratizar la Universidad y atender el desnivel de los alumnos que llegan de Secundaria. Y a quienes no quieren estos cambios les pide que no lo voten.

Rodrigo Arim se para frente a la enorme mesa de la sala del Consejo de la Facultad de Ciencias Económicas y trata de leer las preguntas anotadas en mi pequeño cuaderno. Aprieta los ojos, esfuerza la vista y no lo consigue.

—¿Me está mirando las preguntas?

—Tranquilo, igual no veo nada.

Arim no tiene los lentes puestos y sus ojos lucen enrojecidos. Está visiblemente cansado. El fisgoneo es solo curiosidad: él ya se acostumbró a dar entrevistas, y a toda velocidad. Desde que anunció la semana pasada su candidatura al rectorado, no ha parado de hablar.

Se demoró mucho en comenzar la campaña. La Asamblea General del Claustro elige rector el mes que viene —debería, pero es casi un hecho que se va a extender hasta octubre, ya que al parecer no se lograrán mayorías absolutas a favor de ningún candidato.

Arim se define como frentista independiente (“no soy astorista”, aclara), escribe en Búsqueda y en La diaria, fue dos veces decano en Ciencias Económicas, tiene 46 años, y aunque sabe que la tiene difícil, también goza de la tranquilidad de los retadores. Su rival no. Roberto Markarian carga con el peso de convertirse, tal vez, en el primer rector de la democracia sin lograr un segundo período.

Dice que demoró en dar el paso adelante porque primero quería tener en claro que iba a contar con los apoyos necesarios para la pelea. La forma de hacer campaña de Arim es rara. No es tan enfático en pedir votos; lo es sí en advertirles a algunos colectivos que si no quieren que se haga lo que él plantea, lo mejor que pueden hacer es no votarlo.

—¿Y cuáles son esos cambios innegociables que debe hacer la Universidad?

—Hay que cambiar la ley orgánica. No puede haber universitarios de primera y de segunda. No puede ser que haya algunos que tengan derecho a voto en el Consejo Directivo Central (CDC), y otros que no. Tenemos que debatir cómo integramos al interior. Hay servicios que no solo no tienen voto, sino que tampoco tienen voz. Lo mismo pasa en la Asamblea General del Claustro. Es una asamblea montevideana. Tampoco puede ser que una carrera sea distinta según donde se curse. Si se hace en Montevideo o se hace en el interior, debe ser igual. Y eso no pasa.

Arim está decidido a retomar la agenda del antecesor de Markarian, Rodrigo Arocena, en cuanto a un plan de descentralización que le dé protagonismo al interior del país.

—¿Qué otro cambio es innegociable?

—Hay que desburocratizar la institución. La Universidad tiene un funcionamiento pesado y las tomas de decisiones son lentas. El CDC aprueba un crisol muy grande de temáticas. Demasiado grande.

Para entender el punto basta con leer el orden del día del último CDC, que se llevó adelante el pasado martes. Se discutieron 111 puntos. Desde funcionarios que pedían licencias, a otros que solicitaban cambiar las fechas de licencia, a otros que pedían dejar sin efecto sus licencias; una inmigrante venezolana que solicitaba revalidar materias y la extensión de un convenio de Facultad de Agronomía con la Intendencia de Montevideo, entre un sinfín de cosas. En medio de estas menudencias fue que se discutió, por ejemplo, si estaba bien o no pagar con Participación Público Privada (PPP) la reforma del Hospital de Clínicas.

La agenda de Arim también incluye cambios que permitan una mayor coordinación con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Él sostiene que mientras las facultades suelen recibir con brazos abiertos a los egresados del IPA que se acercan a hacer posgrados, un universitario demora “a veces entre tres y cuatro años” en que le reconozcan el título para dar clases en liceos.

También señala que hay que trabajar en mecanismos para equilibrar los conocimientos de los estudiantes que llegan desde Secundaria. En la facultad tomó, durante su gestión, dos medidas en este sentido: extensiones distintas de los cursos para los alumnos según sus conocimientos (las clases de Cálculo tienen, por ejemplo, modalidades para cursarlas semestral o anualmente). Incorporaron pruebas diagnósticas para evaluar el nivel con el que llegan los alumnos.

Solo con amigos.

Cuando ganó Markarian, hace cuatro años, lo hizo tras una escisión de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Esta se dividió en tres: la lista 6 por un lado, que apoyó en la elección pasada a Álvaro Rico, el oficialista que era considerado la continuidad de Arocena y que ahora está con Arim; y la Brigada 1958 y la lista 1, que decidieron romper el acuerdo interno y votar por primera vez en la historia separados del núcleo mayoritario de la FEUU y apoyar a Markarian.

En una simplificación que molesta mucho a los estudiantes se puede decir que la 6 está conformada por frenteamplistas de varios sectores. Brigada 1958 tuvo en su momento a varios integrantes de Casa Grande (de Constanza Moreira), aunque ahora también hay muchos que están en la 6. Y en la 1 hay unos cuantos militantes de Unidad Popular. En la elección de la Mesa Ejecutiva de la FEUU, el año pasado, la lista 6 se quedó con tres lugares, la 1 con dos y Brigada 1958 también con dos. Uno de los problemas grandes que enfrenta Markarian es que perdió el apoyo de la lista 1, que estaría decidida a no apoyar a ninguno de los candidatos.

La FEUU, al estar dividida, podría llamar a plebiscito para ver a cuál de los candidatos apoyará, y en este escenario desde filas de Arim sostienen que tendrían todas las de ganar. Pero en temas universitarios los acuerdos —o las traiciones— de último momento pueden hacer inclinar la balanza.

La crítica más grande que Arim le hace a Markarian es que se rodeó de grupos tan heterogéneos —recibió el apoyo de la Corriente Gremial Universitaria (CGU), que en esta caricatura que traslada los grupos universitarios a la política partidaria sería como decir que son el Partido Nacional— que no pudo llevar adelante los cambios que se había propuesto. Arim no quiere repetir esto.

—Usted tiene fama de autoritario. En caso de ganar, ¿no va a necesitar consensos?

—La Universidad no es un lugar de consensos. No debe serlo. Somos una institución que debe vivir de la discusión, el debate y el intercambio. Y después se vota. Las decisiones importantes tenemos que trabajarlas desde la democracia.

Arim está orgulloso de sus dos períodos como decano de Ciencias Económicas. En el primero logró cambiar el plan de estudios, luego de 13 años previos en que se discutieran posibles modificaciones sin que se llegara a buen puerto.

—¿Qué permitió este cambio?

—Teníamos una estructura académica vetusta. Había 75 cátedras y sobre ellas solo estaba el decano y el consejo. Ese sistema hacía prácticamente imposible ascender de grado, porque las cátedras estaban organizadas de forma piramidal: había un grado 5, algún grado 4, algún grado 3, y no había nunca movimientos en la pirámide. Así era imposible hacer carrera. Con el cambio se permitió a los docentes circular, dando distintas materias. También teníamos al 70% de los docentes bajo interinatos; personas que trabajaban en facultad desde hacía décadas.

—¿Y cómo arreglaron eso?

—Hubo que hacer cambios, algunos de ellos muy dolorosos. Por ejemplo, incorporar un límite de edad, lo que generó tensiones. Pero ese cambio permitió a los docentes avanzar en otros planos.

—¿Qué límite de edad se puso?

—70 años.

—Markarian tiene 71.

—Sí, tiene 71 —dice serio y enmudece.


La renuncia que no fue.

El segundo período de Arim al frente de la Facultad de Ciencias Económicas fue aun más turbulento. Se propuso rever los posgrados: hacer auditorias externas, igualar los sueldos de los docentes y cambiar la situación de algunos que tenían congelados los salarios desde hacía décadas.

—Y los docentes no se lo llevaron.

—Ni siquiera los docentes, algunos coordinadores de posgrados. Bloquearon la agenda, cuando era algo que yo había dicho que iba a hacer antes de ser reelegido. Cuando me di cuenta de esto presenté mi renuncia. Así no se podía avanzar. Después de esto los órdenes docentes tomaron una serie de medidas que permitieron que se abriera la discusión.

—¿Y se pudo avanzar?

—Se aprobó una estructura de remuneraciones distintas. Se hizo una evaluación con expertos internacionales de los posgrados. Faltó reformar los posgrados, algo que prometimos para fines de 2017, pero finalmente no llegamos.

Markarian también presentó su renuncia una vez ante el CDC, luego de que este se negara a discutir una reforma del Hospital de Clínicas por PPP. El CDC aceptó poner sobre la mesa de discusión el tema, pero no se logró avanzar. Arim sostiene que tiene que ver, justamente, con la falta de apoyo que tuvo su rival.

—¿Fracasó Markarian?

—En una institución con dirección colectiva los fracasos no son individuales. Sin apoyo hay discusiones de fondo que no se pueden dar. Lo que a mí me hizo aceptar la candidatura es que creo tener el apoyo suficiente para hacer cambios.