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Redes, grupos de pertenencia y mercado laboral

Redes, grupos de pertenencia y mercado laboral

19 de julio de 2018 | Búsqueda | enlace original

El desempeño laboral de las personas descansa en un conjunto de atributos personales y contextuales de distinto tenor y origen. Sin embargo, el énfasis suele ubicarse en aspectos individuales: las decisiones sobre cuánto y qué estudiar, el esfuerzo puesto para cumplir a cabalidad con las tareas inherentes al empleo o el cumplimiento de reglas de funcionamiento relevantes en los ámbitos laborales (presentismo, horarios de trabajo, etc.).

La retórica de la responsabilidad individual sobre los logros, fracasos o frustraciones provenientes de la trayectoria laboral hace abstracción de un hecho básico: somos seres sociales; insertos e influidos por nuestro entorno, nuestros vínculos y por las normas y reglas —escritas y no escritas— imperantes en las redes sociales a las que pertenecemos.

Las oportunidades reales de las personas en los mercados de trabajo se encuentran condicionadas por la densidad de su red de contactos directos. Amigos y familiares son una fuente de información y referencias que fungen como mecanismo para obtener información sobre puestos de trabajo vacantes, a la vez que la recomendación personal es también un mecanismo para las empresas; que limita la incertidumbre sobre las características laborales de los posibles postulantes a un empleo. Entre los jóvenes, el ingreso al mercado de trabajo es condicionado por sus vínculos familiares, amistades o vecinos. Quienes tienen una mayor trayectoria laboral activa utilizan, adicionalmente, los contactos generados a través de la propia experiencia laboral para lograr transitar entre puestos de trabajo, mejorando su situación relativa. En economía, las potencialidades que brindan las redes de pertenencia suelen denominarse capital social. Cuanto más densos y diversos resulten los lazos y vínculos, mayor es el espectro de alternativas para aprovechar las capacidades individuales.

La importancia de las redes compuestas de amigos y familiares para obtener empleos se encuentra ampliamente documentada en investigaciones internacionales. Diversos estudios para países del mundo desarrollado muestran un patrón consistente: aproximadamente la mitad de los trabajadores consiguieron su empleo actual a través de amigos, parientes o contactos realizados en el propio mercado de trabajo.

El panorama en Uruguay confirma el papel de los vínculos personales como mecanismo de acceso a los puestos de trabajo. La información disponible indica que el 40% de los ocupados obtuvieron sus empleos a través de amigos, conocidos o familiares. Solo un quinto de los ocupados llega a sus puestos de trabajo vía canales despersonalizados: concursos, publicaciones, entrevistas, etc. Las redes sociales constituyen un aspecto relevante en la determinación de las posibilidades de conseguir empleos de calidad.

Sin embargo, existen diferencias importantes en función de la edad y el nivel educativo de los trabajadores. Entre los trabajadores con mayor acervo educativo los vínculos personales pierden peso como mecanismo de acceso a los puestos de trabajo, al punto que entre los ocupados con educación terciaria completa la forma más habitual de conseguir empleo son concursos, entrevistas de trabajo, etc., que constituye la forma más neutra del punto de vista de la dotación de contactos previos con que cuentan las personas. En contraste, entre aquellos con un nivel educativo equivalente o inferior al primer ciclo de educación completa, amigos y familiares son la principal fuente de información y contactos para conseguir un empleo.

Un patrón similar se encuentra por tramo etario. Para los ocupados más jóvenes —entre los que el peso de quienes se desvincularon del sistema educativo es muy importante— la vía preponderante son los contactos personales. Casi tres cuartas partes de los ocupados menores de 25 años obtuvieron su empleo gracias a amigos y familiares. Al aumentar la edad, cobran relevancia otros mecanismos, incluyendo los contactos generados en el empleo anterior.

Por lo tanto, la importancia de las redes de contacto es mayor entre quienes cuentan con menor nivel educativo y son más jóvenes. En Uruguay, una proporción importante de nuestros jóvenes abandonan la educación formal antes de finalizar el ciclo de formación secundario para insertarse en el mercado de trabajo. Para estos jóvenes sus redes de pertenencia representan los lazos que los aproximan a sus primeras experiencias laborales.

Pese a su importancia, documentada en la evidencia empírica internacional y nacional, esta dimensión no ocupa un papel relevante en el diseño de las políticas sociales. Las políticas activas de empleo, que deberían constituir el principal dispositivo de política para atender a jóvenes en situación de vulnerabilidad ante el abandono temprano del sistema educativo, no pueden hacer abstracción del fenómeno. Beneficiarios de dispositivos de formación laboral con redes “flacas” pueden no alcanzar resultados razonables; no por ausencia de esfuerzo personal o porque la formación que reciben resulte inadecuada, sino porque no cuentan con puentes que los unan con los puestos de trabajo potenciales.

Cuanto más endogámicos resulten los lazos societales, mayor es el riesgo de que enfrenten una trampa de pobreza al inhibir el acceso a mejores segmentos del mercado de trabajo. Si una persona se vincula con otras cuyos empleos resultan informales y mal pagos, la información que obtiene sobre vacancias serán en este sector y sus credenciales o “cartas de presentación” para insertarse en otras áreas serán débiles. Incluso, existe cierto condicionamiento dinámico. Una vez insertos en sectores de baja productividad y precarios los contactos generados en el propio puesto de trabajo pueden dificultar la transición a empleos con atributos de mejor calidad. En muchos sentidos, las redes de pertenencia de los jóvenes al inicio de la vida laboral constituyen circunstancias vitales que no controlan y que inciden y limitan las oportunidades efectivas al comienzo de la vida laboral. Dispositivos de política diseñados para atender y mejorar el desempeño en el ciclo de vida de los jóvenes requieren no solo apuntalar características individuales, como la formación, sino quebrar lógicas de segmentación social que cierran puertas y limitan oportunidades.