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El hombre nuevo

El hombre nuevo

9 de setiembre de 2018 | Brecha | enlace original

A pesar de que sus predecesores han chocado varias veces con el muro de reformar la ley orgánica, el candidato insiste en este punto como una de las principales promesas de su plataforma. También advierte las dificultades de negociar “con el revólver sobre la mesa” el presupuesto con el Poder Ejecutivo, y señala las desprolijidades que tuvieron los cambios en Extensión. Habló con Brecha sobre los vaivenes de su renuncia al decanato en 2016 y también de “una campaña no deseable” que ha plantado dudas acerca de sus títulos de posgrado. La recta final estará teñida de jugadas de este tipo, se lamenta.

—En este tiempo de campaña y debates se ha dicho que, al menos en el discurso, sus postulados y los de Roberto Markarian tienen más coincidencias que diferencias. ¿Cuál es a su entender el principal diferencial de su propuesta como candidato?

—Tengo la idea de que, más allá de los titulares y los grandes acuerdos, tenemos diferencias sustantivas que también son muy buenas. Por ejemplo apostar a cambiar la ley orgánica. En los últimos debates me queda la duda de si efectivamente Markarian ve el cambio de la ley como algo prioritario. Él ha mencionado varias veces que es un tema complejo y difícil, pero ¿qué
quiere decir?, ¿que no vamos a avanzar en esa dirección? En eso tenemos diferencias importantes.

Posiblemente también las tenemos en otras áreas. Hay que apostar a generar nuevos dispositivos de apoyo a los estudiantes y mallas curriculares que estén articuladas entre sí, entre ofertas terciarias y educación superior, de grado y de posgrado, que sean consistentes y que de alguna manera nos permitan revertir nuestros niveles de deserción, cosa que logramos en la Facultad de Economía en los últimos años.

Luego creo que tenemos ciertos puntos de acuerdo, como el trabajar sobre el estatuto del personal docente –que posiblemente se apruebe en breve– y sobre la carrera de funcionarios no docentes.

En el caso del Interior, creo que ha habido un proceso muy bueno que ha cambiado la distribución geográfica del conocimiento a una velocidad remarcable. Pero en los últimos años mi impresión es que no hemos logrado avanzar en la consolidación institucional del esfuerzo dedescentralización. Hay un conjunto de elementos que están sin definir,
entre ellos las propias estructuras de gobernanza de los centros universitarios regionales (Cenur), o cómo vamos a ir progresivamente emigrando a ciertos grados de autonomía de esos centros. La ausencia de algunas definiciones puede llevar a retrocesos importantes en ese proceso. 

—Dijo este lunes, en el segundo debate entre los candidatos a rector, que han chocado tres veces con la pared de cambiar la ley orgánica. ¿Qué le hace creer que usted sí logrará ese cambio?

—Certezas no tengo. Se está dando una configuración de fuerzas de colectivos que están apoyando mi candidatura, en la que uno de los elementos comunes es la necesidad de tratar la ley orgánica. Tratar es comenzar a construir nuevamente, a partir de las experiencias anteriores,
cuáles son los escenarios posibles de una ley orgánica para tener una propuesta universitaria. Va a ser un proceso complejo, no va a ser rápido, pero va a ser necesario.

La ley orgánica va a ser cada vez más una especie de camisa de fuerza para el propio desarrollo institucional de la Universidad. Fue pensada para una institución que tenía 15 mil estudiantes, y hoy tiene diez veces más. La voz de todas las facultades se escucha pero esa voz no se traduce siempre en capacidad de voto, y eso implica que haya una ciudadanía de primera y otra de segunda en la institución, algo que no podemos ignorar.

No es la única motivación, entiendo que también la ley orgánica debe incorporar elementos de flexibilización de los mecanismos de decisión. Todavía tenemos dificultades para generar espacios que hagan más ágil el funcionamiento del gobierno. Este aspecto es importante porque la Universidad tiene que pensarse de acá a 20 o 30 años, y no podemos pensarnos con base en los conflictos que nos atañen cotidianamente o los reclamos puntuales que aparecen en la coyuntura.

Otro elemento importante es que tenemos que quebrar cierta lógica de funcionamiento federativo. Hoy tenemos una ley orgánica que funciona con base en los servicios o facultades, quizá ya es momento de que jerarquice otras instancias, como las áreas sociales o los centros universitarios regionales presentes y futuros.

SEGUIME EN ESTA

—La reforma del área de Extensión fue muy polémica. Usted mismo ha reconocido que participó activamente de todo el proceso de cambios. Por ese motivo Markarian declaró a Brecha que lo que tendría que decir usted es “yo apoyo todo lo que se hizo”. ¿Qué opina al respecto?

—Como integrante del Cdc y por un criterio de lealtad institucional, por supuesto que participo en todos los procesos en los que soy convocado. Y he participado del proceso de reforma de Extensión, he hecho acuerdo con algunos lineamientos, por ejemplo con la ampliación del concepto de extensión, y con otros no. Me parece que es una manera reduccionista de ver el problema, cuando yo he señalado en varias ocasiones, por ejemplo, que no me pareció adecuado el proceso por el cual se fue renovando a los docentes por motivos muy parciales, de forma muy precaria. Creo que eso fue un error de procedimiento que crispó e hizo mucho más complejo el proceso de discusión interna en la Universidad con respecto a la extensión.

—En el primer debate usted dijo que esos cambios en Extensión no se habían hecho de la forma más prolija posible, habló de la necesidad de rendir cuentas y del correcto seguimiento de los fondos. ¿A qué se refería en concreto?

—Según la propia resolución que decidió el proceso de reestructuración del área, los servicios tenemos la obligación de rendir cuentas de cómo utilizamos esos fondos adicionales para hacer actividades adicionales de extensión y relacionamiento con el medio. Hasta el día de hoy eso no
se concretó. Entiendo que está en proceso en algún ámbito de la sectorial, pero no ha llegado al Cdc…

—En el debate del lunes dijo que se siente muy cómodo con las redes que se han formado detrás de su candidatura. Al principio de la campaña se habló de un bloqueo político, por el cual Markarian consiguió los apoyos para llegar al rectorado pero no para aplicar su programa. ¿Cómo definiría los respaldos que usted tiene hoy?, ¿le preocupa que esos respaldos en algún momento también le retiren el apoyo?

—En los juegos democráticos, la posibilidad de que haya movimientos existe. Entiendo que los respaldos a mi candidatura –a nivel docente en particular– tienen la enorme virtud de ser muy amplios en términos de servicios, abarcan disciplinas muy variadas y están todos generados a
partir de un discurso programático. No es un discurso que confronta con gestiones previas, incluyendo el rectorado de Markarian, sino que el apoyo a mi candidatura se generó a partir de un programa que presenta un conjunto de tópicos para tratar en los próximos años. Es una red
muy amplia de docentes, no docentes y egresados que se han encolumnado detrás de un proceso que tiene un documento muy claro con las prioridades y la necesidad de mejorar el clima interno de trabajo en la institución.

CON EL REVÓLVER SOBRE LA MESA

—Sobre la posibilidad de utilizar la modalidad de participación público-privada (Ppp) como forma de financiamiento dentro de la Udelar, ha expresado que hay que buscar otros mecanismos más idóneos. ¿Cuáles serían?

—El mecanismo de financiamiento a través de la Ppp no fue fructífero en la Udelar. Creo que el problema del tema presupuestal no es que haya que buscar otras alternativas, sino que lo que se requiere son más dotaciones de presupuesto público. No hay plan B en esto: sin inversión incremental en educación, por parte del Estado uruguayo, difícilmente podamos tener sendas de crecimiento sostenidas en el tiempo.

Y probablemente los siguientes no sean los mejores cuatro años para ser rector, claramente. Con dos años de presupuesto congelado y dos años en los que vamos a estar discutiendo con el Parlamento la nueva ley de presupuesto quinquenal… Entiendo que ante un escenario de
congelamiento presupuestal la Udelar tiene que hilar muy fino
y proteger algunos programas, como el de dedicación total para los jóvenes docentes, que les permite iniciar su carrera en condiciones adecuadas.

—También mencionó que del otro lado de un proyecto de Ppp como el del Hospital de Clínicas hubo un Poder Ejecutivo que no asumió ese compromiso que implicaba décadas, y por eso no se llegó a buen puerto. ¿Qué conclusión le queda de ese episodio?

—Hay dos conclusiones. La primera es que la Udelar dio una discusión desacertada. En la discusión en realidad se colocó un instrumento –que tiene dicultades– como si fuera una cuestión de principios. Y siempre que hay una trasmutación de instrumentos y principios las consecuencias no son buenas. El segundo elemento tiene que ver con que efectivamente, por características del proceso presupuestal en Uruguay, hay algunos riesgos políticos importantes al financiar una obra de la magnitud del Clínicas mediante una Ppp. El más importante es que en realidad eso implica que
el Poder Ejecutivo tenga que asumir compromisos de incrementos presupuestales sostenidos en el tiempo. Es muy probable que, en la medida que haya compromisos de esa naturaleza, éstos se cumplan. Pero el riesgo es que, si en algún momento el incremento presupuestal de la
Udelar llegara a ser bajo, todo este incremento sea absorbido por la cuota de la Ppp. Y ahí quedás sin capacidad de maniobra para otras políticas institucionales.

Todos los instrumentos de Ppp tienen dificultades. Por ejemplo, cómo se controlan las empresas o cómo se genera un contrato completo que establezca todas las contingencias posibles y que evite que ciertas empresas luego terminen apropiándose de ciertas rentas. Eso es muy complejo de hacer, y en un hospital de estas características es más complejo aun.

Decisiones como ésta, cuyas consecuencias implican a toda la Udelar en su funcionamiento a largo plazo, no son triviales ni obvias. Ese es uno de los argumentos por los cuales algunos tuvimos dudas en su momento.

—¿Cómo imagina la relación con el Poder Ejecutivo en caso de ser elegido rector? ¿Cómo la manejaría?

—En primer lugar con un criterio de autonomía, que no es independencia ni autarquía. La Universidad es autónoma, nos debemos a la República, por lo tanto necesariamente tenemos que estar vinculados a las necesidades del país. Pero la Udelar no puede permitir que se la instrumentalice. No porque el Poder Ejecutivo crea que en determinado momento que hay que
salir a estudiar ciertos temas la Universidad tiene que ir al encuentro de esos requisitos. Pueden ser necesidades muy cotidianas y muy válidas, pero una universidad no puede estar bailando al servicio de este tipo de demandas puntuales o de corto plazo.

Sí hay que cultivar los vínculos a largo plazo. Tuvimos uno interesante con el despliegue de las políticas de transferencias de ingresos, en el que una relación de largo aliento entre el Mides y la Facultad de Ciencias Económicas permitió aportar elementos al diseño de políticas. Pero el
responsable de las políticas es el Poder Ejecutivo, y la facultad sólo ha aportado elementos de corte académico. No siempre ha sido así, en otros momentos se han atendido demandas puntuales de un ministerio o un organismo público, pero la Udelar no puede cambiar su agenda por esos requerimientos puntales.

Van a venir momentos de tensión con el presupuesto, de imprescindible tensión. Habrá que gestionarla como corresponde desde una entidad colectiva. Pero es indudable que esa tensión va a existir en cualquier escenario de gobierno futuro. Ya existe hoy.

—En el último debate planteó que una de sus propuestas es formular de ahora a dos años un proyecto de ley presupuestal que detalle los costos de cada una de las líneas programáticas y las prioridades de la Universidad. Eso evitaría la discusión año a año “con el revólver sobre la mesa” por los recursos. ¿Cómo sería ese proyecto?

—La ley quinquenal de la Universidad de la República no es una mala ley, pero no alcanza el grado de especificidad al que queremos llegar. Nosotros presentamos esa ley quinquenal y luego el Poder Ejecutivo hizo este absurdo de votar el presupuesto cada dos años. 

Entiendo que tenemos que ir hacia una etapa superadora que sea mucho más específica y cruda sobre qué es lo que se va a hacer con los recursos incrementales, cuáles son los costos específicos, y en todo caso transparentar cuáles son los problemas y los líos a enfrentar si
aquellos no se concretan.

—Markarian ha dicho que es un error trivializar la complejidad de los problemas que tiene la Udelar, que es “inocente” no ver las dificultades que existen para cambiar. ¿Qué contestaría a eso?

—La adjetivación en estos procesos de discusión es un error. Y en realidad nadie está negando las dificultades de los procesos de transformación de la Udelar. En la discusión sobre la ley orgánica obviamente no tenemos comprado el éxito, pero tenemos que encarar esa necesidad de una manera activa, debemos construir los espacios institucionales para poder avanzar en este plano. Para nada desprecio las dificultades, pero ni las dificultades políticas ni las presupuestales pueden ser una excusa para que la Universidad se discuta a sí misma.

Reformúlemelo, doctor

—Un comunicado de la Feuu publicado el martes de esta semana señala contradicciones acerca de sus títulos de posgrado. Específicamente sobre los títulos de “doctor” y/o “magíster” que aparecen en varios documentos, pero que usted nunca terminó de obtener. ¿Qué tiene para decir al respecto?

—Lo único que tengo para decir son dos comentarios: lo primero es que es
público y notorio en la institución que no soy doctor, no es un misterio para ningún universitario, en particular para esta facultad (Economía). Por lo tanto acá no hubo en ningún momento un aprovechamiento de una
situación de esbozar un título que no tengo en ningún evento de corte
académico universitario.

Segundo: es probable que yo haya cometido algún error en algún caso
puntual, vinculado a convenios anuales en el año 2010, cuando armé
un documento donde figuraba en el pie de página la palabra “doctor”. Tiene que ver con que diariamente firmo muchos documentos. Obviamente no detecté el error, es mi responsabilidad en ese caso, pero ese mismo documento fue corregido por nosotros en 2011, 2013 y 2015.

Creo que esto es parte de una campaña no deseable, que le hace mucho daño a la Universidad, y que busca que el proceso de elección de autoridades esté teñido de jugadas de este tipo.

—El propio portal de la Udelar menciona, en la nota con motivo de su asunción como decano de la Facultad de Economía, en 2010, que usted obtuvo un doctorado y una maestría en la Universidad Torcuato Di Tela.

—La Udelar tiene un problema mucho más serio en general en ese sentido, y me refiero a que hay publicaciones oficiales en las que a varios docentes se los nombra con títulos que no poseen. No tenemos una política sistemática que asegure que en las publicaciones oficiales y en las actas, por ejemplo del Cdc, aparezca siempre en forma correcta la titulación de las personas que lo integramos. Es un problema de la institución. No es un error personal. Claramente hay un tema de que uno no se entera de que esto está publicado en la web o en las actas.

Los ejemplos usados (por la Feuu) no me atañen en particular. Es un
problema general que se está usando para argumentar una cosa puntual y
establecer una campaña, que cada uno calificará a su manera. 

La renuncia que no fue
El amague

—En mayo de 2016 planteó públicamente su renuncia al decanato de Economía, incluso sugirió la posibilidad de volver a su cargo docente como investigador. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

—La motivación de esa renuncia tenía que ver con un bloqueo interno de la facultad, cuya clave medular era que no habíamos logrado avanzar en los acuerdos relativos a dos procesos complejos: uno era la estructura de las remuneraciones docentes, que estaba desacoplada de la realidad del resto de la Universidad de la República y que presentaba niveles de inequidad muy importantes. Docentes con cargas horarias parecidas y del mismo grado tenían niveles de remuneración muy distintos. Y por otro lado, la necesidad de evaluar y reformular toda nuestra oferta de posgrados.

En el primero de los casos había comisiones cogobernadas que venían
funcionando, pero que no habían avanzado de forma relevante luego de casi tres años. La ausencia de voluntad política hacía que las principales líneas de transformación que tenía previstas para el segundo decanato no fueran viables, entonces entendí que tenía que dar un paso al costado y que otros asumieran la conducción.

¿Qué fue lo que cambió? Los colectivos tomaron la decisión de que teníamos que tratar y resolver esos temas, y los resolvimos. Luego de que presenté mi renuncia en mayo de ese año, de inmediato en los siguientes seis meses se aprobó una pauta de remuneraciones docentes que establecía la obligatoriedad de la rotación en las funciones, con pautas de acceso más
transparentes y con llamados internos.

Y en eso tengo que reconocer en particular el papel de la Asociación de
Docentes de la Universidad de la República (Adur), que mandató a sus consejeros para que ese tema fuera tratado y aprobado. Entonces, la no
concreción de mi renuncia tiene que ver con que efectivamente logramos
avanzar en una agenda que era compleja, cuyas transiciones eran costosas y en las que había intereses creados y muchas resistencias.

—Fue como un mensaje, entonces: “Miren que si no
logramos esto me voy”…

—No. Antes de presentar mi renuncia hablé con varios colectivos, nunca lo
planifiqué como un elemento de negociación o una amenaza. Desde Adur me pidieron que me quedara. Todos los órdenes me pidieron que me quedara, con el compromiso de tratar de resolver ese tema.

—Un vaivén similar se dio en estos meses antes de lanzar
su candidatura…

—Mi candidatura no tuvo vaivenes. En realidad simplemente esperé… Ser
candidato a rector sólo por ser rector no me parecía que correspondiera. Sí
serlo en un contexto de acuerdo y apoyos amplios que aseguraran poder
trabajar sobre algunas agendas de transformación. Cuando esos apoyos
fueron visibles tomé la decisión de ser candidato. Me convencieron.