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Elección de rector: ADUR pregunta

Elección de rector: ADUR pregunta

22 de setiembre de 2018 | Universidad | enlace original

El jueves 20 se desarrolló un debate entre los dos candidatos que se postulan para asumir el próximo rectorado en la Universidad de la República (Udelar), Rodrigo Arim y Roberto Markarian. El próximo miércoles 26 de setiembre la Asamblea General de Claustro sesionará para la elección.

El encuentro fue organizado por la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR), y se realizó en base a preguntas relacionadas con la plataforma que aprobó en su XVIII convención, de cara al próximo rectorado. La moderación del debate estuvo a cargo de la periodista Ana María Mizrahi.

Los candidatos dieron su visión general sobre la propuesta de la asociación, respondieron preguntas específicas de los docentes y también del público.

Al comienzo, Arim señaló que la elección de autoridades permite «aprovechar las ventajas del cogobierno» elaborando propuestas programáticas. Dijo que la plataforma de ADUR es «una gran contribución a la construcción de una nueva agenda de transformaciones» en la Udelar, y que comparte su enfoque, porque habla de «mirar en horizontes largos». Valoró el énfasis que el documento hace sobre los temas de evaluación y planificación en distintos ámbitos, y advirtió que cuando pensamos soluciones en el corto plazo «podemos tomar decisiones que no sean compatibles con nuestras ideas largo plazo».

Señaló algunas carencias en la plataforma, como por ejemplo la consideración de herramientas que promuevan el inicio de la carrera docente, y no solo el ascenso. Tampoco se hace mención al desarrollo académico y la estructura de los servicios, puntualizó, las decisiones sobre carrera docente y creación de cargos deben estar insertas en planes programáticos, y hay que considerar que todavía hay espacios «que funcionan con lógicas feudales». Agregó que en la plataforma están ausentes las reflexiones claras sobre problemas de género en la carrera docente. También se omite una discusión sobre qué es Bienestar Universitario y sobre la necesaria incorporación de un sistema de cuidados.

Markarian compartió las observaciones de Arim respecto a las carencias en la plataforma. Valoró positivamente su enfoque «latinoamericanista» y «visión globalizadora» de la situación universitaria, que le parece «absolutamente necesaria». Debemos tener una visión global de los problemas y no encerrarnos a mirarnos a nosotros mismos como uruguayos y como universitarios, expresó. Los problemas de la educación superior, y los del desarrollo de la ciencia y tecnología en América Latina, se dan en buena medida porque están sujetas a las condicionantes globales que tienen nuestros países, afirmó.

Horas docentes
El rector se refirió a la actual discusión sobre el Estatuto del Personal Docente (EPD), que anteriormente ya se había iniciado al menos tres veces. «Tenemos que tomar como ejemplo» la forma en la que se procesó la discusión esta vez, porque se hizo en pocos meses y está próxima a finalizar. «Un estudio puramente académico de nuestros problemas no puede ser la norma», no es posible que «dejemos correr y correr» el tratamiento de temas conflictivos por mucho tiempo, que «las cosas deambulen y hagamos la plancha» sin avanzar a una resolución. Con respecto al punto de la plataforma que plantea reformas en la gestión, puntualizó que el cargo de rector implica «un 80% del tiempo dedicado a la gestión», por lo tanto esos problemas «son cruciales».

Luego los candidatos fueron consultados sobre qué aspectos del régimen de dedicación total (RDT) deberían reformarse. Markarian respondió que en la propuesta actual de EPD -que se tratará el martes 25 en el Consejo Directivo Central (CDC)-, se establece que el límite de edad de los cargos docentes rige también para el RDT. Reconoció que persisten algunos puntos polémicos en la discusión del tema, «que es sana», pero con la revisión del EPD algunas discusiones ya se adelantaron. Arim dijo que el programa de RDT en la Udelar es exitoso, porque de 500 cargos en 2005 se pasó a unos 1200 en la actualidad. Opinó que es el instrumento más robusto que tiene el país para promover la investigación de calidad, pero ya no es el único, por tanto se podría repensar un RDT con componentes adicionales, generando una discusión «sin crispaciones innecesarias». Agregó que es necesario establecer contratos laborales claramente especificados, y además exigir información completa y abierta sobre los docentes en RDT.

Respecto a las medidas posibles para mejorar la formación y la evaluación del cuerpo docente, Arim opinó que hay que aplicar pautas claras de evaluación en base a criterios propios, transparentes, que contemplen la diversidad. Dijo que el desempeño de un docente no solo se determina por su esfuerzo personal, sino que está relacionado con su contexto, su momento vital, su equipo de trabajo, de manera que una evaluación debería tomar en cuenta esos factores. Markarian dijo que «la autoformación es parte de la formación» de los docentes, y que «el esfuerzo personal por conocer más es insustituible». Con respecto a la evaluación, citó el capítulo del EPD recién elaborado, que establece que cualquier evaluación docente deberá regirse por pautas claras que consideren las actividades realizadas y también circunstancias especiales que puedan influir en su desempeño, como la paternidad, maternidad, y enfermedad. «Es uno de los grandes avances de este estatuto», afirmó.

Verdes y maduros
Los candidatos también fueron consultados sobre la experiencia del Espacio Interdisciplinario (EI) y la interdisciplina en la Udelar. Markarian expresó que tiene «una evaluación positivísima» del EI, y por eso no promovió allí cambios importantes. Agregó que la interdisciplina no es una novedad, y que la especificidad es moderna. «Es esencial generar la interdisciplina», estudiar experiencias en el mundo a ese respecto y proyectar la universidad a futuro, porque en la estructura actual de la Udelar, la mayoría de los servicios representados en el CDC responden a una disciplina. Arim afirmó que el EI es un instrumento valioso que ha dado sus frutos, como los núcleos y centros interdisciplinarios, aunque debe evitarse que quede encapsulado en sus propios programas. Entiende que la interdisciplina es una política a profundizar, y como ejemplo de su valor mencionó los centros del interior, donde se practica asiduamente, abordando problemas en forma sinérgica.

En respuesta a la consulta sobre la reformulación del Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, ambos candidatos opinaron en que debe replantearse y en esa tarea la Udelar tiene un papel central, también señalaron que el plan no debe ser ajeno al país real.

Los candidatos eligieron otros temas contenidos en la plataforma para expresar sus opiniones, en esa instancia Markarian se refirió al Hospital de Clínicas, repasando las etapas en que se impulsó su transformación organizativa y edilicia. Con respecto al desarrollo de la Udelar en el interior, rechazó las afirmaciones contenidas en el documento de ADUR, que señalan que la Udelar «no privilegió un incremento presupuestal para las distintas regiones». Enfatizó que las sedes del interior sí crecieron en el período, por ejemplo, más de la mitad de los cargos docentes de los Polos de Desarrollo Universitario se proveyeron entre 2015 y 2018. Sí hubo evaluación y medidas reguladoras, «para no gastar mal», explicó. Sobre el interior Arim dijo que las sedes se manejan con incertidumbre, hacen falta perspectiva y un proceso de gestión administrativa clara. Como ejemplo planteó que hay docentes que llevan cinco o seis años ocupando cargos interinos.

La reforma de la Ley Orgánica (LO) fue un tema recurrente, sobre esto ambos candidatos lamentaron los fracasos anteriores para lograrlo. Estuvieron de acuerdo en que los cambios no pueden acotarse únicamente a la cantidad de miembros que debe tener el CDC, y que aumentarlos a 30 o 35 sería negativo para el funcionamiento del cuerpo. Para Arim una nueva LO es urgente para subsanar los déficits democráticos que hoy tiene la institución. Markarian entiende que la discusión no debe centrarse solo en la representatividad, sino en la estructura misma de la Universidad.

Markarian y Arim tuvieron un nuevo debate, previo a la primera convocatoria a elección del rector

Markarian y Arim tuvieron un nuevo debate, previo a la primera convocatoria a elección del rector

22 de setiembre de 2018 | la diaria | enlace original

La próxima semana comienza a definirse la elección del futuro rector de la Universidad de la República (Udelar), ya que la Asamblea General del Claustro (AGC), encargada de votar a la máxima autoridad universitaria, está citada para el miércoles. Ya se sabe, de todas formas, que este miércoles no estarán las mayorías necesarias para que haya un elegido en esta primera convocatoria, y que al menos se precisará una segunda instancia, en la que la AGC podría elegir al rector por mayoría absoluta de los componentes.

En ese marco, la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR) convocó en la noche del jueves a un debate entre los dos candidatos: el actual rector Roberto Markarian y Rodrigo Arim, ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas, en el paraninfo de la Udelar. Los candidatos se expresaron sobre la plataforma que presentó ADUR y presentaron “matices importantes” entre ellos, en particular sobre la reforma de la Ley Orgánica, el desarrollo de la universidad en el interior y la perspectiva de género en la institución.

Carrera docente

Arim mencionó que si bien se debe pensar en el “derecho al ascenso” en la carrera docente, parecía una carencia del documento de ADUR que no se hablara sobre la posibilidad de “pensar en oportunidades de inicio a la carrera docente”, con instrumentos que permitan el acceso al grado 1. Además, el ex decano advirtió que le llamaba la atención “la ausencia de reflexiones claras sobre los problemas vinculados a la discriminación de género en la carrera docente y a lo largo y ancho de la institución”, algo que entiende que se debe “incorporar”.

Al referirse a la carrera docente, Markarian destacó que el Consejo Directivo Central (CDC) está por aprobar el Estatuto del Personal Docente (está convocada una sesión extraordinaria el martes con ese fin), y destacó el proceso que se llevó adelante con el documento. “Las cosas deambulan y muchos hacemos la plancha sobre los problemas, y ese no puede ser el procedimiento normal. Es mejor discutir, plantear las discrepancias y resolver las cosas. Eso hicimos con el estatuto”. Sobre el inicio de la carrera docente, Markarian aseguró que “es un problema más complicado, porque la renovación docente en los grados más bajos se da casi automáticamente, y es cosa de tratar de que vayan saliendo camadas al medio”.

ADUR también consultó sobre medidas para mejorar la evaluación de los docentes y su formación. Arim compartió la necesidad de “definir pautas claras de evaluación para alinear los resultados esperados de la actividad docente con los objetivos institucionales”. Mencionó un elemento como ejemplo, al plantear que la evaluación docente “no puede ser un espacio sobre métricas individuales”, en el sentido de que docentes “que comienzan su carrera en equipos fuertes van a tener un nivel de producción mucho más alto que docentes que comienzan en equipos débiles o frágiles. Son elementos contextuales que tenemos que tener en cuenta, de la misma manera que tenemos que tomar en cuenta elementos que hacen a la vida individual de las personas, en forma sistemática y abstracta: si es padre, si es madre, si está en una situación de exposición a enfermedades”.

Markarian aseguró que el nuevo estatuto establece “pautas” generales a todos los servicios que son “novedades”, y destacó que considera fundamental “que se diga que se toma en cuenta la maternidad y paternidad”. Sobre la formación docente, resaltó que “la autoformación es parte de nuestra formación; tenemos que ocuparnos de formarnos para el trabajo docente. El trabajo colectivo es crucial en algunas áreas, pero en cualquier caso hay que saber. Es insustituible el esfuerzo personal de uno”.

Desarrollo en el interior

Markarian cuestionó que se diga “por ahí como que lo hubiéramos trancado”, y aseguró que, en cambio, las carreras en el interior siguieron creciendo en docentes y estudiantes. “Está excelente que hayamos crecido, pero las líneas hay que rediscutirlas, no tengo ninguna duda”, afirmó, y reconoció que su rectorado viene aplicando “medidas reguladoras que molestan, porque estamos queriendo que se controle más a los PDU [polos de desarrollo universitario]”.

Arim aseguró que en este tema tiene “matices importantes” con Markarian, porque considera clave “retomar criterios de construcción institucional y académica que brinden certezas a las comunidades académicas. Basta con recorrer el país para recoger las incertidumbres acerca de cuál es el futuro de las comunidades universitarias”. Mencionó, como ejemplo, que en muchos casos hay docentes “que hace seis o siete años que son interinos, y eso es inadmisible”.

Perspectiva de género

Una de las preguntas del público fue sobre cómo incorporar la perspectiva de género a la institución, ante lo que Markarian contestó que estas “son políticas nuevas”. Aseguró que la Udelar “ha hecho esfuerzos en este sentido, con la comisión de equidad y género hemos invertido dinero”, y marcó que se han adaptado procedimientos a las sugerencias del Instituto Nacional de las Mujeres. “Creo que estamos avanzando”, resumió, y sobre esto, su contendiente también manifestó una visión distinta.

La perspectiva de género “no es un tema novedoso en la academia, y la Udelar llega tarde”, aseguró Arim. Cuestionó que la universidad tomó recientemente algunas medidas, pero “no las ha implementado en forma idónea”; por ejemplo, demorando la aprobación de los protocolos de acoso. “No me siento cómodo con la situación que tiene la Udelar en este aspecto; la universidad debe ser la primera en responder a estas situaciones y no un organismo más”, afirmó. Además, consideró que se debe incorporar “un sistema de cuidados como parte del sistema de Bienestar Universitario. Es una carencia que hoy tenemos y que debemos llenar”. Sobre los avances que implicará el nuevo Estatuto del Personal Docente, que tienen que ver con incorporar la perspectiva de género en la carrera docente, consideró que “no debemos esperar a tener dinero para aplicar el estatuto y para que empiecen a estar vigentes algunas disposiciones”.

Ciencia e investigación

Otra de las preguntas de ADUR fue sobre las políticas de desarrollo de ciencia e investigación. Arim consideró que se debe elaborar una propuesta para tener un nuevo Plan Estratégico Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCTI), en conjunto con otros actores, como la Secretaría de Ciencia y Tecnología y la Academia Nacional de Ciencias: “No podemos concebirlo aislado del resto de las políticas públicas, porque un plan que no articule con las políticas del país va a convertirse en un instrumento estéril”, aseguró.

Markarian afirmó que la organización de la política que involucra al PENCTI “es territorio en disputa diría que feroz; los líos que hay en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, con la renuncia de uno de sus miembros, es la mejor prueba de eso”. En referencia a la diplomatura en Data Science que brindará la Universidad Tecnológica (Utec), agregó que la “imposición de posgrados por parte de Presidencia de la República es un error que muestra tendencias que son duramente criticables: recurrir a mecanismos extranjeros para formar muchos técnicos sin promocionar la formación de recursos propios en el país”.

Democratización de la enseñanza superior

Las propuestas para mejorar el ingreso, la permanencia y el egreso de los estudiantes fue otra de las preguntas del público, ante lo que Arim marcó el avance que significó la ordenanza de grado y los cambios de planes de estudio en ese sentido, y apostó por “identificar dispositivos que pueden funcionar para mantener a los estudiantes cautivados en la universidad”.

Markarian, en cambio, aseguró que lo primero que se debe hacer para democratizar la enseñanza superior es “diversificar el sistema terciario de educación pública”. “Tal cual está concebido ahora, con una universidad que abarca 60% de estudiantes, es un sistema cojo; el país tiene que tener más instituciones universitarias”, afirmó, y dijo que se debe “crear una verdadera universidad tecnológica, tener una UTU limpia, tener un sistema de formación docente con buenos contenidos intelectuales en las disciplinas y no sólo pedagógico”. “Hay que convencer a la nación de que esto hay que hacerlo bien, y no condicionados por la politiquería de sacar una Utec basada en ver si la votan los intendentes y parlamentarios del interior, que es la pura verdad de cómo se creó la Utec. Conozco un senador que se arrepintió. Ahora es intendente de Tacuarembó, y para no decir el nombre, se llama Da Rosa”, dijo.

Arim coincidió en la necesidad de coordinar con el resto del sistema de educación terciario, pero aseguró que para que eso pase hay que “construir vínculos” y programas comunes. “Si no lo hacemos nosotros y nos quedamos quejándonos de lo que no sucede, difícilmente podamos avanzar”.

Reformar la Ley Orgánica

Arim reconoció que se viene de varios fracasos en el intento de reformar la ley que estructura a la institución, pero aseguró que es necesario discutir “aspectos que nos van a permitir avanzar”. Mencionó las brechas democráticas en la institución, en relación a que no todas las facultades tienen participación en el gobierno de la institución, y “construir espacios que vayan al encuentro del federalismo” para que los servicios tengan criterios comunes. Además, señaló que se debe proponer que sea la Udelar, con mayorías especiales, la que pueda transformar su orgánica y no dejar eso en manos del Parlamento. Aseguró que “no podemos ser temerosos de discutir la Ley Orgánica por lo que suceda en el Parlamento, porque eso es una forma de hasta subestimar nuestras propias fuerzas intelectuales y políticas”, aunque manifestó que sí se debe “elegir el momento político para presentarlo”.

Markarian recordó que la última discusión sobre la ley “terminó con un discurso del rector Arocena diciendo que el CDC tenía que tener 35 miembros o 31 o algo así, y se acabó la discusión”, porque, dijo, “31 miembros no dirigen nada, son una barra donde el rector hace lo que quiere; eso es lo que sería. Por lo tanto la discusión tiene que ser sobre la estructura de la universidad y la forma de ejercer democracia en una institución muy grande”, afirmó, y aseguró que si es reelecto en julio de 2019 formará comisiones “para discutir ambas cosas”.

Porque no es lo mismo

Porque no es lo mismo

22 de setiembre de 2018 | la diaria | enlace original

Por Martín Leites, Héctor Romero y Juan Carlos Valle Lisboa

Argumentos para apoyar a Rodrigo Arim como rector.

En estos días la Universidad de la República (Udelar) elegirá una pequeña parte de sus autoridades. Por un lado se apresta a elegir las delegaciones de los órdenes universitarios para el Consejo Directivo Central. Por otro, y es lo que motiva esta publicación, la elección de quien ocupará el cargo de rector de la institución.

Es una trivialidad afirmar que el gobierno de un país o institución no depende de una sola persona. Pero el adjetivo “pequeña” de la primera oración ilustra algo que no es tan trivial: la responsabilidad del gobierno en la universidad está distribuida en un número importante de personas y organizaciones, de diferentes órdenes, orígenes y tradiciones académicas.

¿Qué es lo importante entonces en la elección del rector? De esa condición singular del gobierno universitario queda claro que la elección no busca un presidente o un gobernador, mucho menos un gerente o gestor. El rector es, claro, el ordenador del gasto y tiene atribuciones que la ley le otorga para tomar decisiones, algunas muy importantes. Sin embargo, esto no es lo relevante, pues la única forma de que logre concretar la agenda de transformaciones que la universidad necesita (y el país le demanda) es que su rectorado se sostenga sobre una amplia red de apoyos y acuerdos, fundados en un conjunto importante de principios y formas de trabajo que permitan impulsar esos cambios.

La Udelar es una institución grande y sobre todo muy rica y diversa en sus concepciones y visiones. Para revertir los notorios problemas que en los últimos años ha enfrentado para transitar cambios, necesita de mucho trabajo, creatividad, propuestas, planificación y compromiso. También presupuesto, es claro, pero no podemos excusar el reciente estancamiento en esto. La posibilidad real de realizar transformaciones de manera exitosa depende, en gran medida, de la habilidad de quien lidere el proceso para articular el trabajo de estos colectivos diversos y con capacidades muy valiosas, de forma integrada, sistemática y consistente hacia objetivos comunes. Es en este rol en el que la figura del rector, y su programa, cobran relevancia.

Creemos que en el contexto actual de la Udelar, Rodrigo Arim es quien puede encabezar este proceso, no sólo a través de la construcción de acuerdos, sino también con la motivación y el entusiasmo necesarios para avanzar en la transformación de la institución. Arim ha mostrado, desde su actuación en diversas instancias del gobierno universitario, que puede liderar procesos de cambio y lograr los acuerdos que sean necesarios para que estos lleguen a buen puerto.

El respaldo de una gestión exitosa

Desde el decanato de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, Arim logró impulsar una serie de transformaciones cruciales, que en otros servicios no han podido llevarse adelante. Queremos hacer notar aspectos singulares de ellas. En una institución como la Udelar lo primero a destacar es cómo estas transformaciones se procesaron. Se construyó una agenda de transformaciones con un rumbo claro y firme, con la fuerte convicción de que el cogobierno es una buena forma de gestión y organización de una institución tan compleja como la universidad. Estas transformaciones fueron implementadas en un marco de diálogo y participación de colectivos con perfiles muy diversos Las tensiones internas y desacuerdos no fueron excusa para dejar de avanzar en los objetivos..El liderazgo de Arim fue fundamental en este logro que es, sin dudas, compartido.

El proceso de departamentalización, la unificación de los cargos docentes y su efectivización y el estímulo a la carrera docente permitieron conformar una estructura académica más moderna y acorde con las funciones que debe desempeñar la facultad. Estos cambios, que parecían imposibles de implementar, permitieron una gestión más eficiente de los planteles docentes, facilitando la articulación de sus actividades de enseñanza de grado y posgrado, de investigación, extensión y relacionamiento con el medio. Como resultado, se multiplicó por cinco el número de docentes con dedicación total, aumentaron las cargas horarias docentes y se logró una mejora objetiva en el nivel de formación de los docentes que hoy forman parte de los institutos de investigación.

En este período se aprobaron nuevos planes de estudio de las cuatro carreras de grado, tema que estaba estancado desde fines del siglo pasado. Además, en todos los programas de posgrado se realizaron evaluaciones externas, avanzando incluso en algunos casos en la implementación de nuevos planes de estudio.

A la vez, se consolidó el equipo de la Unidad de Extensión y Relacionamiento con el Medio. Uno de los proyectos impulsados consiste en dar garantías de acceso real a la formación terciaria y democratizar el conocimiento a estudiantes privados de libertad. Se conformó un equipo, se establecieron protocolos y como resultado concreto se logró que un número creciente de estudiantes pueda cursar y aprobar materias. Estos aspectos de implementación han sido centrales para potenciar la capacidad de la institución en generar líneas novedosas de conexión con la sociedad que antes no existían.

La experiencia de la descentralización de esta facultad muestra, al cabo de siete años, éxitos claros. El ingreso al Tecnólogo en Administración y Contabilidad en Tacuarembó y el Centro Universitario Regional del Este se consolidó, superando los 200 estudiantes por año y preservando la calidad de la formación académica de grado en todo el país. Los egresos aumentan a tasas sostenidas, multiplicándose por dos en los últimos años, a partir del cambio de planes y su maduración. También aumenta el número de estudiantes que avanzan en su formación en el interior y luego se insertan con éxito en las carreras de grado de Montevideo, fundamentalmente en Contador Público. Estos son resultados claros en términos de democratización en el acceso, permanencia y egreso en la educación superior.

El perfil

Estamos convencidos de que hay diferencias sustantivas entre los candidatos en la forma de gestión, la capacidad de avanzar en el disenso y la manera de integrar el trabajo colectivo.

El perfil de Arim, así como su capacidad de propuesta y liderazgo constituyen elementos centrales para decidir, en tanto permiten avizorar la viabilidad de la agenda de transformaciones que la Udelar debe transitar en los próximos años. Ya mencionamos los antecedentes de éxito en cambios académicos concretos. Estos no son casualidad: Rodrigo Arim dedica su actividad profesional a generar insumos para el diseño, la evaluación y la implementación de políticas públicas, en base a sus conocimientos e investigaciones en la temática de la economía de la desigualdad y la pobreza; además, tiene una trayectoria sostenida en el cogobierno universitario desde su ingreso a la universidad.

Su experiencia es central en un contexto en el que las mejoras presupuestales seguramente sean menores a las necesarias, en el que la universidad deberá ser proactiva en su solicitud presupuestal, con objetivos concretos y viables, comprometiéndose con una gestión más eficiente.

De esa manera, Arim tiene la doble historia de académico y de diseñador de políticas, que en cierto sentido refleja una de las dicotomías de nuestra tan diversa Udelar.

Arim cuenta con una extensa experiencia de gestión y dirección universitaria, en la que se destacan sus ocho años decano, ocho años en el Consejo Directivo Central y su participación en diversos ámbitos centrales de cogobierno. Tanto en el rectorado de Rodrigo Arocena como en el de Roberto Markarian mostró la capacidad de ser constructivo desde el acuerdo o el desacuerdo, siempre aportando a la solución de los problemas universitarios. Esta intensa experiencia, además, le permitió conocer el funcionamiento de toda la Udelar y aportar a su avance desde distintos lugares con el mismo compromiso.

La agenda imprescindible

La plataforma de Arim hace énfasis en pensar a la educación terciaria como un instrumento de política pública. La Udelar necesita salir de lo discursivo en el tratamiento de la inclusión educativa. Si no enfrentamos el problema central, esto es, que muy poca gente recibe formación de calidad de nivel superior, estamos condenados a ser un país desigual y con una estructura productiva rezagada. La diversificación y flexibilización curricular, así como los esfuerzos en el apoyo al ingreso, permanencia y egreso en programas como Progresa llevan una década, pero no alcanza.

El acceso a la formación superior debe trascender la posibilidad de inscribirse a una facultad, y sostenerse brindando mayores oportunidades para que los vínculos de la institución con los estudiantes sean sistemáticos y permanentes, promoviendo la culminación de ciclos, el acceso al conocimiento y la cultura. Es necesario diseñar políticas e implementarlas, y establecer criterios de evaluación para su seguimiento y la generación de propuestas para su mejora. Generalizar estos esfuerzos precisa de una acción de toda la institución, sin dudas, pero es crucial hacerlo en base al intercambio de la universidad con todo el espectro educativo, la sociedad civil y el gobierno.

En ocasiones se acusa a la Udelar de constituirse en una barricada. Es una acusación parcialmente injusta. El diálogo que la universidad desarrolla con la sociedad es permanente, profuso y muy dinámico, por lo menos desde la salida de la dictadura. Sin embargo, múltiples actores de relevancia económica, política y social sostienen que la Udelar se encuentra aislada, que con lo que hoy hace no es suficiente. Esto se convierte en un gran desafío.

El país necesita aumentar sustantivamente sus plataformas de generación y democratización del conocimiento, cuyas características de bien público las convierten en piezas claves para el desarrollo. En tanto actor fundamental de estas plataformas, la Udelar tiene la obligación de asumir el liderazgo, buscando la colaboración y cooperación con todo el sistema educativo, para la construcción de un verdadero sistema nacional de educación pública. Para esto es preciso tender múltiples puentes y redes de colaboración en distintos niveles, que existen pero que deben profundizarse y ampliarse. Es imprescindible, además, generar una estrategia para que estos vínculos se desarrollen de forma sistemática y coherente.

Luego, es necesario densificar la red de conexiones de trabajo y colaboraciones con las instituciones de gestión de políticas públicas a múltiples niveles: ministerios, empresas públicas, intendencias, agencias estatales, etcétera. También con las organizaciones sociales y con la sociedad civil. La coconstrucción de una agenda del conocimiento junto con estos actores es crucial y requiere del involucramiento de todos los actores universitarios. En este aspecto el programa y la capacidad de diálogo y trabajo de Rodrigo Arim son una fortaleza. Tenemos que buscar nuevas vías que nos vinculen a aquellos que pueden y deben aportar a resolver estos grandes problemas en tanto son problemas del país. Creemos firmemente que Rodrigo Arim es la persona que puede guiar a que nuestra institución avance en estas líneas.

A modo de cierre

La discusión más grande que nos espera sobre el futuro de la Udelar, la de la reforma de la estructura universitaria y la Ley Orgánica, tiene en Arim un protagonista decidido. Es impensable que alguien apoye su elección como rector y se oponga a la necesidad de modificar la Ley Orgánica. A partir de su plataforma, Arim con contundencia y contenido logró volver a instalar este tema en la agenda. La Udelar debe estudiar seriamente este tema, hacer una propuesta sólida que permita proponerse cuándo y cómo discutirla con el Parlamento y con la sociedad en su conjunto. Esta es otra de las razones por las que lo apoyamos.

Al otro día de la elección habrá que seguir construyendo. Mirando la lista de personas que apoyan a uno y otro candidato, es claro que nadie puede pretender gobernar la institución sin los apoyos del otro. Quienes firmamos esta publicación, lo hacemos desde la certeza de que Rodrigo Arim también podrá convocar a aquellos que hoy no lo acompañan. Esa convicción es también sustento de nuestra decisión.

Convocados por Arim, Andrade, Abracinskas y Jodal debatieron sobre el rol que debe tener la Udelar

Convocados por Arim, Andrade, Abracinskas y Jodal debatieron sobre el rol que debe tener la Udelar

19 de setiembre de 2018 | la diaria | enlace original

Mayor vínculo con los movimientos sociales y toma de decisiones más rápidas fueron algunos de los pedidos.

Con la pregunta disparadora “¿Qué rol debe tener la Universidad en la construcción del país?”, Rodrigo Arim, candidato a rector de la Universidad de la República (Udelar), invitó anoche a Óscar Andrade, Lilián Abracinskas y Nicolás Jodal a un encuentro de aportes programáticos, en el local de la Agrupación de Funcionarios de UTE. Los invitados provienen de distintos ámbitos: Andrade es el secretario general del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos y fue postulado como precandidato a la presidencia por el Partido Comunista, al que pertenece. Abracinskas es activista feminista y directora de Mujer y Salud en Uruguay, y Jodal es ingeniero en sistemas y fundador de la empresa de software Genexus.

Andrade consideró que la Udelar debe incrementar sus vínculos con los movimientos sociales, en particular sobre algunas preocupaciones: “Necesitamos que la Universidad nos ayude a pensar la posibilidad de la desmercantilización de la salud, que implica enfrentar privilegios brutales, de la industria farmacéutica y de algunas corporaciones que, contradictoriamente, nacen en la universidad”, mencionó como ejemplo, y añadió que también es preciso pensar estrategias en pos de la desmercantilización de la vivienda. Afirmó además que “no hay posibilidad de un proyecto de mayor soberanía en lo político si no se acompaña de cambios en la matriz productiva, que incorporen una inserción en el trabajo diferente a la inserción subordinada que nos acompaña desde la formación de los estados-nación”, y que este “no es un proceso que pueda resolver solamente la Universidad; pero es un proceso que no se puede resolver sin la Universidad”.

Abracinskas planteó que la Udelar debe contribuir a profundizar la democracia, promoviendo un mayor acceso de los estudiantes a ella y también con un rol más activo en relación con los temas de preocupación nacional: “Me gustaría una universidad mucho más comprometida con los debates sociales y posicionada en relación con los modelos de sociedad y de país, porque hay fuerzas que no admiten los cambios que se están generando y muchas veces actúan sin que la Universidad se posicione de manera amplia, abierta e implicada”, dijo. La activista sostuvo que también desea un aporte de la Udelar “para superar injusticias y discriminaciones”, empezando por las internas. En ese sentido, dijo que estamos en el siglo XXI y que “es todo un símbolo que los candidatos al rectorado sean dos varones”, ya que si bien 60% de las personas que ingresan a la universidad son mujeres, y también son la mayoría de las que egresan, “en la estructura organizativa de la Universidad los sesgos de género siguen siendo importantes”.

La militante feminista también fue crítica de la Udelar en su rol como generadora de conocimiento: “A veces la Universidad llega tarde y de manera arrogante”, dijo, y puso como ejemplo su campo de trabajo, el de la salud sexual y reproductiva. “La Universidad llega sin leer lo que ya hay producido, cuando la producción de conocimiento no es sólo de la academia”, afirmó, y añadió que en muchas actividades de extensión algunos universitarios “vienen como a certificar, arrasando sobre lo que hay construido y con poco reconocimiento”. Con ese fundamento, señaló que espera que el próximo rector “tenga un mayor diálogo con las fuerzas sociales”.

Jodal pidió que la Universidad “haga magia”; para explicar a qué se refería, relató que en los años 60 el entonces decano de la Facultad de Ingeniería, Óscar Maggiolo, invirtió un millón de dólares de la época en la compra de una computadora IBM, que según el entonces presidente de esa empresa sólo podían utilizar cinco organizaciones en el mundo, y creó la carrera Ingeniería de Sistemas, dos años después de que la creara el Instituto Tecnológico de Massachusetts. “Seguro que Maggiolo no tenía la menor idea de qué iba a pasar con eso”, planteó Jodal, pero aunque “no tuvo ningún efecto inmediato, terminó en que nosotros, en la década del 90, tuviéramos una de las industrias del software más poderosas de toda Latinoamérica”.

A su entender, mientras que en el siglo XX “el petróleo cambió todo”, ahora las reglas “son las del software”, y esto determina que el ritmo de los cambios se haya acelerado y que “los ciclos de toma de decisiones sean mucho más rápidos que antes. Tomen cualquier industria y verán que es así”, afirmó. El ingeniero consideró que este escenario constituye “una tremenda oportunidad para el Uruguay”, porque deja de ser determinante la economía de escala y pasa a ser importante “la economía de la innovación”, y porque Uruguay tiende a brindar “una educación generalista” muy conveniente, porque “casi todas las innovaciones vienen de cruzar unas cosas con otras”.

Este nuevo ritmo impone “la lucha por la relevancia” y plantearse si “lo que estábamos haciendo antes sigue siendo válido”, explicó, lo cual a su vez implica cambios relacionados con la toma de decisiones. Aseguró que prefiere “una Universidad aproximadamente correcta que una precisamente equivocada”, y profundizó: “Prefiero un ciclo de toma de decisiones en el que haya muchos errores pero que lo que importe sea que el ciclo sea cada vez más rápido, para irlo corrigiendo, que pasar mucho tiempo analizando algo y que, cuando lleguemos, estemos precisamente equivocados, porque el mundo nos cambió”.

Entrevistas: “Debemos salir de la discusión cotidiana”

Entrevistas: “Debemos salir de la discusión cotidiana”

17 de setiembre de 2018 | UNIRadio | enlace original

En el marco de las próximas elecciones de Rector de la Universidad de la República, pasó por el ciclo de Entrevistas -en una edición especial- el ex-Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Rodrigo Arim, quien considera que su eventual triunfo en medio de una turbulencia presupuestal significaría “una oportunidad para que la institución se centre en discusiones programáticas de largo aliento“.

Entre sus propuestas, Arim considera necesaria la modificación de la Ley Orgánica para abrir el espacio de participación a la hora de tomar decisiones: “No puede haber ciudadanía de primera y de segunda en la Universidad de la República”, afirmó.

El candidato a Rector en la Universidad Arim estuvo en Tacuarembó

El candidato a Rector en la Universidad Arim estuvo en Tacuarembó

17 de setiembre de 2018 | tacuarembó.net | enlace original

En el marco del proceso de la elección del rector de la UDELAR Rodrigo Arim mantuvo encuentros con docentes, funcionarios y estudiantes de la UDELAR. Arim dijo a Tacuarembó.Net que se pretende generar un desarrollo de la universidad en el interior, enseñanza de grado y acceder a ese título, nuevas carreras y crear nuevos espacios, pero reconoció que los recursos son menguados.

Rodrigo Arim: “En la Udelar hay bolsones de ineficiencia”

Rodrigo Arim: “En la Udelar hay bolsones de ineficiencia”

14 de setiembre de 2018 | la diaria | enlace original

El candidato a rector de la Udelar repasó sus lineamientos programáticos.

En agosto dejó el decanato de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), pero todavía recorre el edificio diariamente. Rodrigo Arim menciona algunos logros que tuvo el rectorado de su contrincante, el actual rector Roberto Markarian, pero considera que el período estuvo marcado por la falta de acuerdos. Asegura que en la Universidad de la República (Udelar) hay “bolsones de ineficiencia” y que hay que atender esos aspectos “con decisión y sin culpa”. Opina que la Ley Orgánica comienza a ser “una traba para la institución”, pero no ha sido posible cambiarla porque existe un “bloqueo político”. Plantea también una convicción: si a la universidad no se le dan las herramientas necesarias el país tendrá “dificultades crecientes en el futuro cercano”.

¿Cuáles deben ser los temas prioritarios para el próximo rectorado?

Para los próximos cuatro años veo dos grandes líneas conductoras. Son años bastante peculiares: tenemos los últimos dos años de este período de gobierno, con un presupuesto incremental que probablemente sea prácticamente cero, con escaso margen para nuevos recursos, y una segunda mitad del próximo rectorado que estará asociada a la Ley de Presupuesto Quinquenal, con un nuevo escenario político, con un nuevo gobierno. En este escenario, los esfuerzos de la Udelar tienen que estar concentrados en la elaboración programática, pensando en horizontes largos, de diez, 15 o 20 años, diseñando programas e instrumentos en las grandes áreas donde la universidad tiene responsabilidades que sean consistentes con la visión de universidad, o, para ser más amplios, de educación superior y terciaria pública que requiere el país. Eso se expresa en dos grandes prioridades. La primera: una ley presupuestal que sea el reflejo de un programa de desarrollo de la universidad que abarque los siguientes cinco años, los que se inauguran a partir de la nueva ley presupuestal; tiene que ser un pedido transparente, robusto y muy defendible ante la opinión pública y el sistema político en particular. Eso requiere metas precisas en educación, investigación, extensión y relacionamiento con el medio; identificar cuáles son los mejores instrumentos para que la universidad se desarrolle y vaya al encuentro de algunos objetivos, como es la democratización del acceso a la educación terciaria y superior –ahí Uruguay tiene algunos déficits y atrasos importantes–; y también la consolidación de la investigación de calidad en todas las áreas del conocimiento y respetando la diversidad, pero que implica también un compromiso claro con el país, compromiso que debe expresarse en instrumentos y metas. Es desde ahí que podemos convencer al sistema político de que no invertir en la educación, fundamentalmente en la Udelar, va a implicar costos para el país que son impostergables.

El segundo elemento que debe estar nuevamente en agenda es la transformación del marco normativo de la Udelar, incluyendo la Ley Orgánica [LO]. Estamos en una situación –que se va agravando con el paso del tiempo– en la que la LO, más que nada algunas disposiciones, se convierten en una camisa de fuerza para el desarrollo institucional. Hemos hecho esfuerzos de cambiar la estructura de la universidad en la cornisa de la propia ley, por ejemplo con el fortalecimiento de las áreas, lo que creo que es una buena noticia, o la creación de los centros universitarios regionales, la creación de los consejos delegados (académico y de gestión financiera y presupuestal), pero seguimos teniendo un problema serio con la estructura de base de la universidad, una estructura cuya ley fue votada en 1958 para una universidad que tenía menos estudiantes de lo que tiene la FCEA sola hoy, y con muchos más docentes, funcionarios no docentes y servicios. Creo que hay un conjunto de déficits institucionales que requieren ser atendidos desde una reforma de la ley. Esos, para mí, son los dos grandes puntos prioritarios de una agenda futura.

¿Por que no se ha logrado reformar la LO?

Hubo varios intentos; quizá el más reciente y sistemático fue el que encabezó el rector [Rodrigo] Arocena. Creo que hubo un bloqueo político, hubo un cambio de correlación de fuerzas interna en la institución, y un conjunto de colectivos que no estaban de acuerdo en discutir la LO lograron imponer esa dinámica. Obviamente, la universidad pudo seguir avanzando sin reformar la ley; el punto es que comienza a ser una traba para la institución. Hubo otros temas que afectaron, como la forma en la que se discutió la representatividad de los órdenes, cómo constituir un nuevo Consejo Directivo Central [CDC]; obviamente no puede estar fundado en la lógica federativa de sumar más servicios, porque lo transforma en un órgano imposible de que sea operativo cada 15 días. Hoy tenemos una composición parecida a la de un Senado, con tareas mucho más cotidianas y ejecutivas que lo que puede ser el trabajo de elaboración programática y estratégica. Hay un área que debemos tratar con seriedad, estamos con déficits democráticos importantes en la institución: hay docentes, estudiantes y egresados que tienen voz y voto en el máximo órgano de la institución, otros que tienen voz pero no tienen voto, y algunos docentes y estudiantes que no tienen ni voz ni voto. Eso habla del desarrollo que tiene la Udelar; es un hecho que somos una institución mucho más amplia y democrática en su acceso y más diversa, pero eso tiene que ser reflejado también en sus órganos de conducción. Acá no hay ninguna trivialidad, de hecho este problema está desde hace mucho tiempo: la Facultad de Ciencias fue creada en 1990 y luego de eso se crearon varias facultades y servicios, sucesivamente, y no hemos logrado, en casi 30 años, cambiar esta situación de base. Por lo tanto, creo que requiere un tratamiento específico. Tenemos que cambiar también el modelo federativo. ¿Cuál es el modelo institucional que puede surgir? Se verá; posiblemente fortalecer y generar delegaciones rotativas a partir de las áreas en el máximo órgano de conducción, como el CDC, puede ser una idea razonable, pero eso es parte de la discusión que tenemos que mantener. A la vez, tenemos que recuperar autonomía. No va a ser la última vez en los próximos 20 o 30 años que la universidad se vea en la necesidad de cambiar su estructura orgánica; particularmente si le va bien, particularmente si logramos aumentar la cantidad de estudiantes, diversificar nuestra ofertas de grado y posgrado, diversificar nuestra presencia en el territorio, es probable que en el futuro veamos la necesidad de volver transformar la estructura orgánica, y no debería ser un requisito pasar por el Parlamento cada vez que sea necesario. Creo que es importante que la universidad tenga la posibilidad de que, a partir de mayorías cualificadas, pueda transformar nuevamente su estructura y no dependa del Parlamento. Creo que son ingredientes de un cambio necesario. El fracaso anterior no puede ser un freno a la necesidad de discutir, como tampoco lo puede ser el hecho de que sea un tema complejo. Lo es, y desde su complejidad tenemos que abordarlo e intentar dar una solución universitaria al problema.

Se sabe que no habrá un aumento considerable de presupuesto en los próximos dos años. ¿Eso compromete la gestión? ¿Cómo se salva esa dificultad?

Las dificultades presupuestales son un dato de la realidad objetivo y preocupante. Creo que hay que priorizar algunos programas que tienen que ser protegidos desde el punto de vista presupuestal y buscar economías internas que nos permitan hacerlo; esto pensando en los próximos dos años, no en un plan presupuestal de largo aliento. Uno es el programa de dedicación total [DT], que es caro, pero es muy importante para la universidad y para el país; es prácticamente uno de los pocos instrumentos que tiene el país para lograr que jóvenes docentes con alto nivel de calificación a en posgrados, formados en el país o en el extranjero, tengan la posibilidad de desarrollar su vida académica full time; en algunas áreas de conocimiento, la universidad es la única opción. Si queremos evitar que vuelva a surgir el problema de que cohortes enteras de investigadores no se radiquen en el país porque no les generamos oportunidades razonables, el programa de DT tiene que ser protegido. Y lo digo con cierta preocupación, porque hoy es un programa desfinanciado: hay docentes cuyo ingreso al programa está aprobado académicamente pero no es posible efectivizarlo por un tema presupuestal, y esta cola va a crecer. Efectivamente, hay un ingreso asimétrico y debemos fomentar que se generalice en todos los servicios universitarios; y dentro del programa de DT, tenemos que priorizar a los jóvenes: quizás haya que buscar un mecanismo que permita priorizar a aquellos que están iniciando su carrera docente para que tengan una perspectiva razonable de desarrollarse en el país. La segunda área tiene que ver con esta noción perentoria de que el país requiere democratizar el acceso y la permanencia en el sistema de educación terciaria superior: tenemos que proteger la enseñanza de grado, entonces, de vuelta, es posible que tengamos que buscar algunos recursos para direccionarlos en los procesos de transición de secundaria hacia la universidad, protegiendo el ingreso a la institución, que es donde perdemos mayor cantidad de estudiantes, en el primer año. Quizás haya que innovar en este plano, pero tenemos que evitar que el deterioro presupuestal, que necesariamente implica una caída de la relación de horas docentes por estudiantes, se exprese en que en el momento del ingreso, que es el más crítico, tengamos una dificultad incremental. Ambos elementos los estoy pensando en términos de urgencias presupuestales; cuando uno piensa más en perspectiva y en programas de largo plazo, esto hay que incorporarlo en una lógica mucho más general sobre cuáles son los instrumentos y dispositivos de política que vamos a utilizar para fomentar el desarrollo de la investigación, para fomentar la carrera docente, para aplicar algunos dispositivos nuevos como el estatuto del personal docente –que posiblemente se apruebe–, qué innovación y qué sistemas de política vamos a tener para mejorar nuestros estándares de vinculación del estudiante con la institución, para abatir la desvinculación.

¿La universidad gasta bien, gasta mal? ¿Cómo espera generar esas economías para proteger estos dos programas?

Primero tengo que partir de la mirada del bosque, para después discutir temas puntuales. Si uno ve el costo global que tiene un egresado universitario para cada una de las áreas, es un costo muy bajo en el contexto internacional. Cuando se afirma que la Udelar hace un mal uso de los recursos, yo diría que sería bueno que se diga con qué estándar se está midiendo eso, porque si uno lo hace en términos comparativos de cuánto le sale al país cada egresado universitario estamos en niveles relativamente bajos. En este contexto, creo que hay algunas áreas de dificultades; es innegable que en la Udelar existen bolsones de ineficiencia, en varios servicios y en varias partes de la universidad, que hay que atender con decisión y sin culpa, porque son parte de los temas que tenemos que resolver. Entiendo que hay algunas formas, algunas metodologías de trabajo que solemos tener, que pueden no ser las más adecuadas para pensar en procesos de largo plazo. Por ejemplo, cuando tenemos recursos incrementales un año en particular, y son relativamente moderados, discutimos en el momento cómo asignarlos al año siguiente, pero no estamos discutiendo cómo asignarlos en función de objetivos de largo plazo. Y me parece que esa es una mirada que tenemos que recuperar: tenemos que asignar cada recurso incremental que tenga la Udelar en función de las prioridades que la propia institución estableció, no para el año siguiente, sino en términos de la construcción de políticas que trascienden un período rectoral. Esa lógica a veces se nos escapa en el funcionamiento cotidiano de la institución, porque entre otras cosas tenemos restricciones presupuestales importantes, entonces hay necesidades muy urgentes que deben ser atendidas. Claro, cuando hay un diseño presupuestal como el que tuvimos en este quinquenio, eso se hace mucho más complejo; estamos hablando de no conocer con exactitud qué recursos vamos a tener no ya en diez años, sino en cuatro.

En la interna universitaria se discute sobre cómo promover el acceso a la institución y disminuir la deserción, por ejemplo de quienes trabajan. ¿Qué propuestas tiene en ese sentido?

El primer elemento de diagnóstico que debemos tener en cuenta es que si nosotros queremos democratizar el acceso y la permanencia de la educación terciaria superior, la universidad debe asumirse como una institución que debe tener estudiantes diversos, heterogéneos y con realidades distintas: eso quiere decir que van a convivir estudiantes full time con estudiantes que combinan trabajo y estudio, y está muy bien que suceda, y queremos que permanezcan en la institución; van a convivir estudiantes que llegan con una formación “adecuada” a lo que se exige en primer año de facultad y otros que vienen con brechas de conocimiento. Reconocer la heterogeneidad implica reconocer la necesidad de diversificar mucho más los instrumentos y las trayectorias de estudios posibles en la institución. Ya hay experiencias, pero debemos lograr generalizarlas.

Hay cosas que están sucediendo que son súper importantes. Entre los estudiantes de la FCEA, en el marco de la descentralización encontramos que tienen un rendimiento bastante mejor que el que tendrían en Montevideo con características similares, por ejemplo. Y eso habla de que cuando se incorpora una dimensión distinta, como el hecho de acercar la institución al lugar de origen de los estudiantes, se logra también mejorar los rendimientos, y en ambientes distintos, porque son en contextos mucho más personalizados que en Montevideo. Creo que, a las claras, eso es un indicio de que hay caminos que tenemos que recorrer. No es que todos los instrumentos que hayamos desplegado, incluso en el marco de la descentralización, estén funcionando de forma adecuada; hay que evaluarlos, pero hay indicios claros de que [son ventajosas] la diversificación de modalidades de cursado, la aplicación correcta de la ordenanza de grado, que implica creditización, flexibilización, que implica la posibilidad de la navegabilidad en toda la Udelar una vez que uno ingresa. Son antídotos contra la deserción, y creo que no solamente hemos mejorado sino que se ve en los resultados. El egreso ha aumentado más que el ingreso en los últimos 13 o 14 años, y esa es una buena noticia para el país. Ese camino hay que seguir recorriéndolo, con nuevos instrumentos que se apoyen en la ordenanza, en los planes de estudio –que ahora están casi todos creditizados–. Pero debe ser una apuesta sistemática.

Una de las críticas que algunos colectivos le hacen a la ordenanza de grado es que se simplificaron las carreras de grado, se pasaron contenidos y es más necesario tener posgrados, y que estos posgrados son caros. ¿Qué opina?

Es una versión simplificada, maniqueísta y falsa de lo que son los procesos del cambio de la formación de grado en la Udelar. A veces se asocian a esquemas supuestamente internacionales de transformación de la educación superior, como puede ser el proceso de Bolonia, cambios como la creditización, la flexibilización o la navegabilidad interna del sistema, cuando en realidad esos cambios están escritos en forma explícita en el Plan Maggiolo. Es un anacronismo; tiene 60 años de discusión y en la Udelar estuvo en discusión antes del golpe de Estado. Recién se retomó con la apertura democrática, con servicios que creditizaron y flexibilizaron antes de la ordenanza, como algunas carreras de la Facultad de Ingeniería. La argumentación es falaz, además de profundamente injusta. Uno lo ve en los resultados de la FCEA: logramos duplicar el egreso, pasamos de un promedio de 500 egresados entre 2000 y 2011 a tener un promedio por encima de 1.000, que va a seguir creciendo algo por el efecto de la maduración del nuevo plan de estudios de 2012 y por los resultados de la descentralización. Ahora, ¿quiénes son los que están logrando egresar hoy, que no lo lograban antes? Antes del cambio de planes de estudio prácticamente la mitad de los egresados provenían de la enseñanza secundaria privada y la otra mitad, apenas más grande, de la educación secundaria pública. Hoy tenemos 65% de egresados que provienen de la educación secundaria pública, sin que haya cambiado la distribución de los ingresos; por lo tanto, quienes salieron favorecidos de estos procesos son estudiantes que provienen de contextos, en promedio, más desfavorables. El tema de los posgrados es adicional, tiene que ver no con que se pasaron contenidos a los posgrados, que no es cierto, sino que, en realidad, cada vez más la formación universitaria se articula por niveles, y hay posgrados pagos y otros no pagos; progresivamente tenemos que avanzar a que la accesibilidad de los posgrados sea una regla, lo que implica asignar recursos. Pero no es que se pasen contenidos a los posgrados; de hecho, los nuevos planes de estudio de carreras de grado tienen contenidos que no tenían los anteriores, porque flexibilizar y creditizar les permite a los docentes crear materias nuevas cuando aparecen temas nuevos en la investigación a nivel internacional, incorporar tópicos que están en debate. Antes esa posibilidad estaba básicamente cercenada por la rigidez que tenían los planes de estudio. Hoy es mucho más natural incorporar las novedades que la investigación genera a escala mundial en la formación de grado que lo que era antes.**

¿Cómo evalúa el rectorado de Markarian?

Creo que Markarian asumió con un conjunto de propuestas de las cuales, más allá de la coincidencia o divergencia en sus contenidos de fondo, logró viabilizar algunas, como la reestructura del servicio de extensión. Es probable que terminemos aprobando el Estatuto del Personal Docente en este período, una muy buena noticia para la Udelar, luego de casi una década de discusión. Hubo un intento, que le reconozco a Markarian, de intentar viabilizar una discusión sobre el Hospital de Clínicas en condiciones bastantes complejas, que no llegó a buen puerto pero que dejó un activo interesante para la Udelar, como el plan de reestructura del hospital, un avance importante en la dirección de contar con un proyecto universitario global, que permite empujar, con otros mecanismos de financiamiento, una necesidad que es de la universidad y del país. Creo que hay carencias importantes –yo sé que en esto tenemos algunas discrepancias relevantes con Roberto– en los procesos. Soy de los convencidos de que los procesos democráticos dentro de la institución universitaria deben generar apoyos en torno a líneas programáticas; si no, los vaciamos de contenido. Estoy convencido de que la forma en que se arriba al rectorado incide y mucho en la capacidad de transformar la institución, y creo que Roberto accedió al rectorado con algunos apoyos que, por ejemplo, siguen estando convencidos de que no hay que cambiar la LO, o de que la transformación de los planes de estudio a partir de la ordenanza de grado son en realidad un elemento nocivo para la institución. Entonces es muy difícil establecer una discusión, por ejemplo sobre la democratización del acceso a la educación terciaria como un elemento estratégico, y la flexibilización, la creditización y la navegabilidad en el sistema como elementos centrales para lograr esto, si accedemos al rectorado con un componente importante de nuestras alianzas que están diciendo que eso no es así. Lo mismo con la LO, y entiendo que eso es parte de las dificultades que se tiene cuando discutimos en el plano de la elección rectoral. Elegir un rector no es elegir a una persona, es procesar una discusión en la que una institución, cuya dirección es esencialmente colectiva, se pone de acuerdo en la necesidad de construir una agenda con algunos tópicos. Creo que el resultante final de esta campaña tendría que ser que la Udelar salga muy fortalecida en el plano de cuáles son los tópicos que tienen que integrar la próxima agenda.

¿No estaba clara la agenda en la anterior elección?

Creo que la alianza que sostuvo la elección de Markarian fue muy amplia y no era consistente desde el punto de vista de las prioridades; no compartían un conjunto de prioridades amplias que permitieran pensar la institución en 15 o 20 años. Sí, quizá compartían algunas prioridades, por ejemplo en extensión, pero no era muy claro cuáles eran las otras prioridades que debían compartir.

El recambio generacional es un problema para los partidos, en particular para el Frente Amplio. ¿Es también un problema en la Udelar? ¿Es un tema en esta elección?

El problema del acceso a posiciones de responsabilidad de generaciones más jóvenes en Uruguay existe; creo que hay bastante consenso en que es una dificultad que tiene el país. Como problema general, creo que efectivamente es un elemento que está presente. Entiendo que no debería ocupar un lugar central en la discusión universitaria, porque una cosa es tener una dificultad en el plano más general y otra es traducir esto a una discusión específica como un argumento para elegir a un rector u a otro. Creo que, francamente, no debería ser un insumo relevante. En todo caso, es algo que los procesos políticos deben resolver, pero no en el marco de procesar esto como algo decisivo.

¿Evaluás que hay un ambiente de mayor lejanía entre la universidad y el sistema político?

Veo este tema con preocupación, porque entiendo que se empieza a dar un conjunto de síntomas que no son buenos para el país. El ejemplo más claro es la reglamentación de la Ley de Pesca. En una sociedad abierta, la investigación sobre los recursos de un país no puede tener restricciones por parte de las autoridades políticas ni de los poderes fácticos, ya sean económicos, medios de comunicación o los que querramos. Hay que juzgar la calidad de la investigación en base a pautas generales. No quiere decir que los universitarios estemos exentos de errores en este plano, pero son mecanismos externos a aquellos que están directamente involucrados en la gestión. Creo que es negativo, por ejemplo, que una autoridad se arrogue el derecho a permitir la publicación de los resultados de una investigación. En otros casos hay algún problema de vínculo entre la Udelar y el sistema político que creo que se debe a no comprender cabalmente cuál es la funcionalidad de cada uno. Hay algunas tensiones relacionadas con exigirle a la universidad que cumpla funciones que no le corresponden; la Udelar no puede responder en dos o tres meses sobre la pertinencia de cierto tipo de intervención de política. Somos capaces de generar conocimiento e investigación, pero que implican protocolos que insumen tiempo. Está muy bien que la universidad aporte elementos a la discusión pública, pero desde el rol específico que implica un proceso de investigación. Creo que el país debe darse cuenta de que hay dos tensiones importantes: la primera es que estamos muy atrasados, no solamente en educación general en el país, que lo estamos, sino en educación superior; estamos atrasados respecto de la región y del mundo. En el mundo desarrollado más de la mitad de los jóvenes termina una carrera de grado, en Uruguay no estamos llegado a 20%. Si queremos una economía compleja, más equitativa y más sustentable, necesitamos tener muchos más jóvenes que logren ingresar y permanecer en el sistema educativo terciario. Eso requiere políticas, y en Uruguay las políticas sobre educación terciaria y superior descansan sobre todo en la Udelar; somos 80% de la matrícula universitaria, somos la única institución de puertas abiertas, no tenemos cupo ni mecanismos de restricción del ingreso; por lo tanto, la única institucionalidad que puede responder en forma activa a esto es la propia universidad: si no le damos las herramientas y el lugar adecuado a la universidad, vamos a tener dificultades crecientes en el futuro cercano. Veo con preocupación cierto aislamiento en este plano. También creo que siguen subsistiendo algunas prácticas muy buenas; hay áreas del Estado que tienen vínculos de investigación de largo plazo con la Udelar sostenidos en el tiempo y que han dado productos de mucha calidad, que alimentan las políticas y además generan conocimiento, pero creo que el requisito es establecer vínculos de largo plazo en el que cada uno entienda cabalmente cuál es el rol del otro.

“Mucho daño”

Arim considera que las denuncias que desde la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) le hicieron sobre que habría utilizado un título de posgrado que no tiene están “totalmente aclaradas” después de lo que se discutió en el CDC, y prefiere no continuar con esa discusión: “Es donde quieren colocarla algunos colectivos cuya intencionalidad tiene poco que ver con el desarrollo de la universidad”, afirmó. De cara a lo que queda de la campaña, espera que los temas “no sigan por ese lado, porque le hace mucho daño a la Udelar”.

La Universidad en debate: Markarian versus Arim

La Universidad en debate: Markarian versus Arim

8 de setiembre de 2018 | Semanario Voces | enlace original

La semana pasada se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales el primer debate entre los candidatos a rector de la Udelar. Consideramos que la temática tratada trasciende al ámbito universitario por aquella frase de que “La Universidad es el país” y por ese motivo transcribimos los elementos centrales de las posturas de Roberto Markarian y Rodrigo Arim.

Rodrigo Arim

Antes que nada quiero agradecer a todos los colectivos de la Facultad de Ciencias Sociales, primer servicio universitario que realiza un evento de esta naturaleza. Estoy convencido que solamente en el intercambio abierto de discusión programática transparente y en confrontación de ideas la Universidad va a ser capaz de transformarse a sí misma en una agenda, que también será definida entre todos. Esto es una tarea colectiva que nos atañe a todos quienes tenemos un vínculo con la institución, y a quienes tenemos responsabilidades en la institución como parte integrante de los órganos de cogobierno. ¿Por qué acepté este desafío, de ser candidato al cargo de rector? Creo que para que la Universidad formule en el largo plazo los proyectos de transformación ambiciosos y coherentes que necesitamos, y requiere tener una institución abierta. Solamente a partir de la deliberación democrática, vamos a ser capaces de construir una hoja de ruta. No va a haber unanimidades, pero tiene que haber procesos de toma de decisiones que sean democráticos y que nos lleven a transformar esta institución. Es por eso que en realidad estoy aquí. Otros me convencieron de que era una buena idea conglomerar voluntades detrás de este proceso de discusión. Tuve serias dudas; creo que eso es bastante conocido: hasta el año pasado estaba convencido de que no era una buena idea aceptar una candidatura de rector, y este año, fundamentalmente, un conjunto importante de universitarios me convenció de que valía la pena plantear ámbitos de discusión de esta naturaleza, y fui cambiando mi tonalidad con respecto a la pertinencia de mi candidatura. Entiendo que los procesos de elección de un rector son una excelente excusa democrática para conglomerar voluntades que nos permitan transformarnos como institución. Sin voluntades y sin entusiasmos que permitan construir una agenda de aquí al futuro, difícilmente la Universidad de la República pueda alcanzar los estándares de calidad y de democratización en el acceso a la enseñanza. ¿Qué Universidad me imagino? Me imagino una Universidad que profundice su vocación democrática y republicana y que reconozca su papel específico como principal difusor de formación a nivel superior. Somos el 80% de la enseñanza a nivel superior en el país, y somos entre el 70 y el 80% de la investigación que el país tiene, y por lo tanto tenemos una dimensión específica y una obligación peculiar, y que nos separan de otras instituciones. Tenemos que promover la generalización y democratización en la educación superior, y tenemos que hacerlo de una manera abierta, en vínculo con la sociedad, porque no somos una entidad autárquica sino autónoma. Tenemos que ser capaces de no aceptar discursos autocomplacientes en nuestras aulas ni en los ámbitos de cogobierno. Tenemos que discutir democráticamente. Tenemos que evaluarnos una y otra vez, y crear protocolos en donde nos evaluemos, y en cada uno de los programas que desarrollemos seamos capaces de reasignar recursos y obligaciones, y construir caminos que nos lleven a cumplir nuestros objetivos institucionales. Tenemos que ser una Universidad dinámica, capaz de transformarse sin desgarrarse, y que construya la unión universitaria a la que todos pertenecemos, diversa y respetuosa, con una formación de alto nivel para todos los uruguayos que acceden a la institución. Tenemos que ser también efectivos en crear una carrera docente, fundamentalmente para los jóvenes, que sea rica y fructífera, donde a partir de lo que es el desarrollo de una vocación aporten a la construcción de un conocimiento que es de toda la sociedad. Se vienen años complejos, donde las tensiones presupuestales van a ser duras en los próximos dos años. Tenemos que estar en condiciones de discutir y procesar programáticamente una propuesta de ley presupuestal para los próximos quinquenios, que a la vez sea elaborada en forma concomitante con procesos de transformación institucional, como, por ejemplo, la ley orgánica, que es hoy una obligación que tenemos que analizar.

Roberto Markarian

Van a empezar discusiones hasta octubre, por el sistema de votación. Sobre el porqué acepté, ya lo describí con cierto detalle en el documento que presenté: mi experiencia, que parece ser la de los rectores anteriores, indica que un período de cuatro años es breve para concretar muchas de las metas que los equipos se proponen, en particular las que significan modificar normas de comportamiento universitario y tradiciones de larga data. Las instituciones son organismos conservadores en todo el mundo, no solamente en nuestro país. Les cuesta cambiar. En nuestro país es muy descentralizada en cuanto a la capacidad que tienen los servicios de hacer cosas que no son controladas en forma central, por lo cual lo que pasa en los servicios, en las facultades y en el interior son cosas que suceden allí y sobre las cuales no hay capacidad de influencia, salvo en las reglamentaciones federales, en las ordenanzas, los estatutos, etc. Este es un rasgo típico de nuestra universidad y es de las cosas que habría que pensar seriamente en cambiar. En el documento que presenté introduje un capítulo dedicado a las relaciones de discusión con el mundo del trabajo, los oficios y las profesiones. Me pareció crucial proponer un aspecto relacionado con esto, y hoy, en este mundo de especialización, todo el mundo lo sabe. Me parece que es el enfoque que corresponde para que la Universidad siga siendo el país, como decía aquella famosa tapa de Marcha. Tenemos que pensar que la Universidad se construyó porque el país la construyó de esa manera. La institución universitaria fue establecida a principios del siglo pasado, en un país que necesitaba tener profesionales formados aquí, y donde se trajo gente del exterior para asesorar. Esa situación ha llevado a que tengamos la estructura que tenemos hoy. Pretender modificar esa estructura en una mera discusión interna sin tener en cuenta un buen análisis de lo que ha pasado, de por qué somos como somos y de qué pasa hoy, con una ley que tiene sesenta años, me parece una cosa ingenua. Yo no propuse cambiar la ley orgánica, como se dice por ahí, en mi rectorado actual, lean los documentos, está en último lugar, y está dicho que tenemos que preparar el modo en que vamos a discutir la ley orgánica. Tuve un rectorado con muy pocos recursos y teniendo que continuar con políticas establecidas anteriormente, porque como dije recién cuatro años son pocos para cambiar una institución de estas características. Yo me he comprometido con el cuerpo democráticamente electo a cumplir con el programa. He intentado cumplirlo sin mirar compromisos de ningún tipo. He roto con parte de los que me apoyaron y votaron, siendo ellos representantes de opiniones universitarias. Y descalificar opiniones me parece que es muy malo, porque hay que respetar a todo el mundo No quiere decir que uno haya bajado bandera. Lo dije cuando tomé el cargo: me comprometí con lo que presenté y a nadie le he entregado nada para ocupar este cargo.

¿Cuáles son los principios que consideran vigentes de la reforma de Córdoba, y cómo habría que adecuar la ley orgánica para que la Universidad los viva a pleno en estos tiempos?

Roberto Markarian

La reforma de Córdoba fue hace cien años, los conmemoramos ahora. Yo participé en las conmemoraciones en la ciudad de Córdoba. Me parece que dieron la manifestación de que cuando uno quiere hacer cosas y sabe lo que hacer, lo logra. Esa es la gran enseñanza de Córdoba. Lo cierto es que la voluntad de cambiar y de enfrentar a un régimen que contradecía los principios que tenían los estudiantes en ese momento creo que es la principal enseñanza que deberíamos tratar de promover. La reforma se refirió a una universidad que no existe hoy. Hace muchos años que no existe. Era para otra universidad, en particular en Córdoba y otras ciudades de Argentina. Nuestro movimiento fue diez años antes, como todo el mundo sabe, la participación estudiantil la estableció la ley votada en 1908. Lo cierto es que los principios que caracterizaron la reforma, muchos de ellos muy válidos, son principios que hay que analizar a la luz del mundo que tenemos hoy. Como dije al principio, la Universidad es el país, y el país no es el de 1908 ni el de 1958, sino el de este nuevo siglo. Por lo tanto hay que pensar en el cogobierno, en la autonomía, en la gratuidad. Gratuidad, cuidado, que eso no estaba en los principios de Córdoba pero todo el mundo lo agrega porque queda bien. Pero creer que Córdoba nos dará la respuesta para cambiar la ley orgánica creo que es un error. Es una simplificación de los problemas. La madurez que hay que tener para analizar los problemas del mundo de hoy en primer lugar nos obliga a saber las razones que hicieron de la ley orgánica lo que es hoy. La ley fue concebida en los años treinta, no en los años cincuenta, que fue cuando se aprobó, y fue aprobada en medio de grandes luchas. Es un rasgo que creo que se está olvidando cuando se piensa que se trata de escribir la ley “y chau y vamo’ arriba”. Lograr un movimiento que contenga los elementos protestatarios de combate, como en el 58, que eran los del 18, eso hay que ver si se logra en estos tiempos donde el modo de pensar las cosas y de juntarse la gente ha cambiado tan radicalmente. Me pregunto: ¿qué habría sido del 68 en Uruguay con teléfonos celulares? Yo participé organizando todo tipo de cosas, y claramente habría trabajado en condiciones totalmente diferentes. Si se cree que el teléfono celular no modifica el modo en cómo nos informamos, creamos opiniones y por lo tanto influimos en la plataforma democrática, se está en un error muy importante. Hay que ver cómo se concibió esa ley con estructuras gremiales muy poderosas atrás, que hoy son mucho más débiles, eso lo vemos los que estamos ejerciendo cargos de decisión. ¿En esa situación, el modelo que hay que aplicar sigue siendo aquel, con Consejos Centrales por servicios, sucediendo que, además, el conocimiento se abre de forma totalmente distinta? A principios del siglo pasado lo que el país se vio obligado a hacer fue formar ingenieros, contadores y lo que fuera. Eso es lo que se precisaba en aquel entonces. Y decididamente creer que en este mundo tan cambiado todo tiene que ser igual que aquello, considero que es una perspectiva de corto plazo.

Rodrigo Arim

Comparto con el rector que hacer cualquier traslado crítico de la reforma de Córdoba al Uruguay de 2018 es, por lo menos, un anacronismo por no darle otro calificativo. Pero sí creo que hay un conjunto de principios que es válido pensarlos desde una mirada histórica, principios que hacen a la universidad pública y a la situación del Uruguay de hoy. Más que nunca Uruguay requiere construir una Universidad abierta, participativa, capaz de proyectarse hacia adelante y cumplir con algunos objetivos que son hoy mucho más urgentes que hace cien, o treinta años. Sin una política activa y radical desde la Universidad de la República para democratizar el acceso y permanencia de los estudiantes, difícilmente vamos a lograr estándares de desarrollo humano adecuados para este país. Y esto también está en la reforma de Córdoba, el acceso a la enseñanza superior como un bien democrático es hoy en Uruguay una decisión ineludible. Estamos muy atrasados en educación en general, y en la superior en particular. Eso requiere cambios en los planes de estudio, requiere diversificación de las trayectorias de formación, requiere oportunidades distintas y reconocer la procedencia de contextos distintos entre los estudiantes. Una universidad organizada popularmente, a partir de los servicios, donde la entrada a las carreras sea en una única dirección, es una universidad que también genera frustraciones. Por lo tanto ahí hay un espacio claro en donde la democratización implica decisiones políticas que tenemos que mantener en el tiempo. Implica también un diálogo fluido con la sociedad en general. Pero desde el punto de vista de la ley orgánica tengo un matiz importante con el rector. Efectivamente, la ley tiene sesenta años. En 1960 teníamos quince mil estudiantes; hoy solamente la Facultad de Ciencias Económicas tiene diez mil estudiantes. Tenemos un sinnúmero de servicios universitarios, que no teníamos en aquel momento. La ley orgánica establece un conjunto de mecanismos taxativos para acceder al voto en el máximo órgano de la institución, y por lo tanto tenemos algunas asimetrías importantes que es urgente atender. Que no lo hayamos logrado hacer en los últimos años no le quita urgencia al problema. Hoy tenemos servicios que votan y otros que no. Tenemos ciudadanos de primera y de segunda entre los universitarios. Eso no quiere decir que las voces no se escuchen, la voz de la Facultad de Ciencias Sociales se escucha muy fuerte en el Consejo Central, pero no está acompañada por la vocación de darles el voto. Tenemos que corregir estas asimetrías. No se puede hacer a partir de un modelo federativo. No es agregando servicios al Consejo Directivo Central sino repensando nuestra institucionalidad, repensando los procesos burocráticos de toma de decisión, en donde uno de los objetivos que tenemos que tener con ley orgánica es hacer una universidad ágil y capaz de procesar decisiones estratégicas en ámbitos centrales, y dejar en ámbitos de gestión cotidiana las decisiones que no son estratégicas. Pero el Consejo Directivo Central hoy discute temas que no deberían estar en la dirección máxima de una institución como la nuestra, con ciento veinte mil estudiantes y miles de docentes.

¿Se piensa desarrollar o implementar nuevas políticas en materia de descentralización territorial en la UdelaR?

Rodrigo Arim

Entiendo que la descentralización o el desarrollo de la Universidad en el interior es un proceso muy importante y que le agrega diversidad a la institución, que genera una institucionalidad distinta en el interior, y que impulsa la interdisciplinariedad y la creación de grupos de trabajo. Y que también tiene hoy capas institucionales distintas. Son procesos jóvenes, y eso quiere decir que son instituciones frágiles. Lo he dicho en otro momento: si a la Facultad de Ciencias Económicas le tocó la mala suerte de tener un mal decano en los últimos años, probablemente por inercia institucional, nada grave le va a suceder a la facultad. En el caso del desarrollo en el interior de la Universidad, si no tomamos decisiones y no señalamos rumbos con claridad, estamos en una situación en la que se pueden frustrar los procesos, que son incipientes pese al enorme despliegue de docentes y estudiantes que tenemos hoy en el territorio. Hay nuevos universos de estudiantes. No es exactamente un efecto desplazamiento; quienes hoy están llegando a la universidad del interior son estudiantes que no hubiesen llegado a Montevideo. Se requiere una consolidación de lo organizado, pero hay un insumo medular que no hemos desarrollado en la Universidad: la evaluación sistemática. ¿Qué programa funciona en el interior y cuál no ha funcionado? ¿Qué carreras han funcionado y cuáles no? ¿Qué dificultades tenemos desde el punto de vista pedagógico? Identificar esto implica hacer evaluaciones sistemáticas que nos aporten elementos para profundizar los procesos de descentralización. Implica también determinar con precisión cuáles son las condiciones que ameritan la transferencia de mayor autonomía hacia los centros universitarios regionales. ¿Cuáles son los requerimientos de un centro universitario regional? ¿Qué elementos debemos identificar para progresivamente ir liberando espacios de tutelaje? Generar más autonomía, incluso financiera. Esta lógica, que implica evaluar y discutir con los docentes y estudiantes que están en la experiencia que hoy estamos haciendo en el interior, tiene un proceso y no es inmediata. Tenemos que conformar un grupo que nos señale con claridad cuáles son los aspectos medulares que debemos tratar. En esta área, estoy convencido que la evaluación nos va a permitir identificar recursos para mejorar la situación que hay en el marco del desarrollo de la Universidad en interior.

Roberto Markarian

Efectivamente, tenemos que evaluar el trabajo en el interior, que es novedoso y que ha instalado procedimientos sobre los que hay que ver cuáles están bien y cuáles están mal. Voy a dar un solo dato para decir que efectivamente la evaluación hecha anteriormente era difícil: los cargos se tomaron en posesión en su mayoría entre 2016 y 2017. Eso muestra que el proceso todavía está en construcción. La edad promedio de los estudiantes cuando comenzó este crecimiento muy grande era una edad altísima, cerca de treinta años. La razón era elemental: la Universidad logró captar una cantidad de gente que había terminado secundaria y que quería hacer estudios terciarios. Esa edad promedio está bajando fuertemente, y esperamos que pronto sea igual a Montevideo. Son dos muestras de que, efectivamente, el proceso está en consolidación. Está marchando, y efectivamente ha sido un inmenso logro que eso se haya conseguido. Uno puedo discutir si hay que tener más carreras de grado importantes y dejar de lado un poco las carreras terciarias cortas, que son más vitales en el interior. Eso hay que estudiarlo. ¿Cuáles son las políticas nuevas? Es una inmensa duda. Me he llegado a preguntar si otra vez tuviéramos doscientos millones de pesos repetiríamos el proceso que se hizo anteriormente, es decir, reclutar gente que se quería ir de Montevideo, muchas veces por razones personales. Si hiciéramos ese llamado, ¿estamos seguros que tendríamos la respuesta que tuvimos hace cinco u ocho años? La situación económica del país ha cambiado radicalmente. No sabemos cuánta gente hay que quiera irse de Montevideo a trabajar al interior. Lo que está claro es que tenemos que tener unidades grandes trabajando en el interior, como sucede en Montevideo. Esa es una experiencia que hay que construir. Departamentalizar da trabajo, porque la gente prefiere trabajar en un grupo chico y autoalimentado antes que volcarse a otras cosas. Creo que las ventajas que se les dieron a los grupos para radicarse en el interior fueron muy justas, y lo acompañé con mi voto, pero corresponde que las reanalicemos, porque efectivamente esto de que los grupos reejecuten sus economías en unidades muy pequeñas es una cuestión que no se corresponde con el sistema global. Y lo otro que tenemos que hacer, como sucede en Tacuarembó, es tener residencias estudiantiles y docentes, porque no hay universidad en lugares chicos sin que la gente pueda vivir bien, para trabajar allí y quedarse.

¿Cómo trabajarían la política de posgrados, principalmente en lo vinculado a su gratuidad?

Rodrigo Arim

Cuando hablamos de posgrados no podemos pensar solamente en el acceso, sino que tenemos que pensar simultáneamente en acceso y calidad. Los diseños de la oferta de posgrados requieren conjugar simultáneamente la capacidad de mejorar el acceso que tienen los estudiantes potenciales a la oferta, manteniendo estándares de calidad que correspondan a un nivel adecuado. Esto implica aspectos que son institucionales y otros que tienen que ver con programas centrales y con decisiones que tienen que tomar los servicios. ¿Cuál es el punto de partida? La presencia de posgrados académicos y profesionales nos generan lógicas bastante complejas, porque hay posgrados que están fuertemente vinculados a la estructura de apoyo central mientras otros, por ser profesionales, dependen de los servicios o del vínculo con sectores externos. Por lo tanto, si queremos incentivar la calidad, tenemos que lograr programas, entre otras cosas porque la forma en que trabajamos desde los organismos centrales hace que haya un conjunto importante de líneas de financiamiento, que permitirían mejorar el acceso a los estudiantes pero que están vedados para los profesionales. Es el huevo o la gallina: estamos exigiendo que sea más accesible pero no mejoramos los instrumentos para ello. Hay que priorizar criterios comunes de funcionamiento, eliminando grados de discrecionalidad. Esto lo digo desde la Facultad de Ciencias Económicas: uno de los procesos más complejos y dolorosos que atravesamos en los últimos dos años tiene que ver con que en la estructura de posgrados a veces el costo de una o dos remuneraciones es entre el 25 y el 30% del costo total del posgrado. Eso es inaceptable en términos universitarios. Dicho de otra manera, un coordinador de posgrado ganaba mucho más que un docente en régimen de dedicación total, con muchas menos obligaciones. Eso son cosas que tenemos que combatir de manera sistemática, y debería estar presente en la discusión de cada uno de los servicios. Hay un problema, y es que muchos posgrados están sostenidos no por fondos presupuestales de la Universidad sino por fondos que captura en la sociedad. Si esta situación quiere evitarse, es importante que se habiliten líneas de financiamiento que les permitan a los servicios resolver estas cuestiones.

Roberto Markarian

Está claro que parece que hay que discutir y cambiar todo. Quiero aclarar que la evaluación del dinero que se transfirió a los servicios es controlado, y quiero evitar que haya confusiones sobre lo que está pasando en la Universidad. La situación de los posgrados es muy complicada. Los costos son altísimos en algunos casos, centenares de miles de pesos para una carrera de maestría o algo parecido. Eso se ha salido de los carriles normales de financiación.

Lo tengo que decir, porque el mundo abstracto es el responsable de todo esto, y también el mundo concreto, y las autoridades que aplican esas cosas. No es cosa de decir que esto pasa y que nadie tiene nada que ver. Somos nosotros los responsables de que estas cosas pasen. La gratuidad de todo el sistema de posgrados mereció un estudio muy detallado en la Facultad de Medicina, que tiene una estructura muy grande dedicada a los posgrados; donde, salvo a los extranjeros, no se cobra, y que tiene una tradición larguísima motivada en la especialización necesaria para el ejercicio de esa profesión. Ese formato no se logró establecer en ningún otro lado. Hay que decirlo tal cual. La mayoría de las carreras de posgrado son de la Facultad de Medicina. Hay centenares de especializaciones y posgrados y la razón es esa: los miles de egresados básicamente están emplazados en esa situación. No son la mayoría total pero son cerca de la mitad. Creo que ese mundo hay que tenerlo en cuenta, porque si uno mira lo que tiene alrededor y se cree que eso es el mundo total, no lo es. La Facultad de Derecho tiene una situación específica, la de Medicina otra, y las de Ingeniería y Ciencias Económicas, otra. Pretender globalizar todo eso bajo un único esquema es complicadísimo. La ordenanza que se votó en el período de Guarga trató de hacer eso, de una manera radical. Habrá que ver cómo se modifica para que no se desarme todo el sistema. Que hay que cambiarlo, hay que cambiarlo, porque tiene veinte años.

Tenemos un sistema razonablemente controlado de posgrados a todo nivel en la institución. No ha pasado gato por liebre. Y no tengan ninguna duda que hay mucho gato que quiere pasar por libre en muchas de las estructuras, y en particular en las de posgrado. Llegan filtrados, llegan controlados, y la calidad se fija ahí, y creo que es un gran mérito que se ha dado la institución. Gratuidad, estoy de acuerdo, y si se pudiera financiábamos todo con dinero propio. Ahí están los líos que tenemos: el dinero que hemos pedido para posgrados ha sido básicamente destinado a becas. Eso permitió duplicar el nivel de becas que dio la comisión de posgrados en los últimos dos años. Ha crecido enormemente el número de becas para posgrados, y eso se ha debido a que hemos tenido dinero que se ha votado en el presupuesto nacional, que dio dinero para posgrados, para algunas cosas de dedicación total y para bienestar universitario, y se acabó. Eso permitió mejorar. Creo que la política de posgrado es una política a discutir, porque es muy cambiante.

En la UdelaR existen múltiples casos de acoso laboral y sexual, y escasos recursos para su tratamiento. ¿Qué propuestas concretas plantean para el abordaje de estas situaciones que hoy se han dan a todo nivel en la Universidad?

Roberto Markarian

La institución tiene protocolos centrales para atender estas cosas, que fueron votados en 2013 y se aplicaron en 2014. Hay facultades que tienen protocolos propios. Efectivamente, hubo un período en el que hubo poco dinero para las comisiones que trabajan en esto, y esto se ha venido solucionando últimamente. Hemos llamado a cargos, se ha implementado una inversión y nos preocupa fuertemente el asunto. La Universidad ha tratado con mucha seriedad los problemas de derechos, para decirlo en términos generales. Creo importante destacar esto, porque la situación universitaria es disímil en cuanto a la media social del país en cuanto a su estructura en ese sentido ha sido bien atendida. Globalmente las cosas marchan bien. Que puede haber excepciones, las hay. Puede haber casos que no se hayan atendido debidamente. Yo no pretendo acá cuantificar el asunto, porque creo que es difícil hacer comparaciones y decir si los casos son pocos o muchos en relación al total de la masa grandísima de dieciséis mil funcionarios y ciento veinte mil estudiantes. No es fácil ver si lo que hacemos acá va con la media nacional o no, o con la media de Estados Unidos. Lo que digo es que no es un asunto explosivo en la institución, y cada vez que los temas se han planteado, se han tratado de solucionar. Hay deficiencias, no voy a decir que esto es un campo de flores, porque no lo es. Al contrario, es un campo de dificultades. Pero no hemos estado ausentes para encontrar las soluciones a estos problemas. Por lo tanto me parece muy sano que la Universidad se preocupe por esto. La sociedad está muy preocupada por esto. No está planteado en la pregunta, pero es un problema latente: tenemos problemas con el ingreso de los afrodescendientes a la Universidad. Tenemos un número deficiente de candidatos como para cumplir las cuotas que el país ha votado. Es una situación real, un problema en que uno no sabe cómo hacer para crecer. Es una preocupación nuestra, tenemos en nuestra institución la presión de los organismos nacionales de Derechos Humanos, que nos han preguntado cuál es la situación en este sentido. No estamos satisfechos con esta situación, tenemos problemas para solucionarla.

Rodrigo Arim

En primer lugar, creo que el punto de partida debe ser reconocer que el problema existe. Reconocer que la Universidad no es un ámbito impoluto donde estas prácticas patológicas a nivel social no existen. Es un proceso donde más que la prevalencia en todo caso estamos frente a un problema de visualización. Es una agenda emergente a la que hay que prestarle atención. No somos una entidad aislada de lo que sucede en otros contextos, y entiendo que la problemática es lo suficientemente seria como para que requiera respuestas institucionales claras. Podemos hablar de legislación salarial, de los problemas del techo de cristal vinculados a las mujeres en la carrera docente. En el caso de acoso tanto sexual como laboral, me acabo de enterar por el rector que se han tomado medidas al respecto. No lo sabía y me alegro. Creo que en esta área tenemos una desacumulación importante. Lo digo desde ciertas experiencias. El mecanismo implica un proceso donde los servicios deberíamos elevar con ciertos protocolos y requerimientos de confidencialidad las denuncias a un ámbito central, que debería procesar las discusiones y asesoramientos razonables para tomar medidas. La experiencia ha sido, por ejemplo, que hemos tenido situaciones de denuncia que estuvieron más de dos años en el ámbito central sin resolución. Eso es preocupante. Creo que es importante que, si tenemos un protocolo, tengamos la capacidad de cumplirlo. Esto genera otros ruidos, porque otros servicios terminan recurriendo a mecanismos propios para intentar responder a carencias que provienen del nivel central.

Ojalá que empiece a funcionar de forma aceitada a nivel central, porque eso evitaría este tipo de lógicas. En todo caso, deberían asegurar algunos elementos claves como, la celeridad en los procesos, claridad, anonimato y respeto por el denunciante. Me alegro que esto esté en proceso de resolución. Creo que como institución hemos atravesado un conjunto de dolores de cabeza importante, porque no hemos logrado responder en tiempo y forma a problemas reales. Todo lo que hacemos, incluyendo esto, siempre somos nosotros los responsables de que estas cosas pasen o no pasen. Siempre somos nosotros, en el ámbito que tiene que ver con el acoso, en el ámbito que tiene que ver con cambiar la ley orgánica, en el ámbito que tiene que ver con cómo gestionamos los recursos humanos. Esta es una institución colectiva, y por lo tanto las responsabilidades son colectivas, en todos los casos.

¿Qué solución se propone de cara a la reestructuración del Hospital de Clínicas?

Rodrigo Arim

A mi entender, la respuesta tiene tres partes. La primera, y creo que en esto no vamos a tener discrepancias con el rector, tiene que ver con tener un vínculo muy claro con el Poder Ejecutivo sobre el rol que cumple el Hospital de Clínicas en el marco del Sistema Nacional Integrado de Salud. Hoy es un vínculo que es ad hoc. Año a año se han negociado los recursos que puede traspasar ASSE al Hospital de Clínicas. Hay que definir un funcionamiento institucional que establezca con claridad qué prestaciones brinda el hospital a ASSE en particular. El otro componente es que se trata de un hospital universitario y que como tal requiere una restructura edilicia y de funcionamiento en donde tiene que haber una propuesta de la Facultad de Medicina que nos permita avanzar sistemáticamente en corregir problemas serios. Quiero también expresar que en el último período se hizo una propuesta importante de refacción arquitectónica del hospital, que es un activo que tiene hoy la Universidad. Se intentó discutir la viabilidad de financiar a través de mecanismos. El rector tuvo la valentía de plantear esto en ámbitos muy complejos en la Universidad de la República, lo que no quiere decir que estuviéramos defendiendo un mecanismo de instrumentación en particular, sino recordar el único camino que se dejó abierto. Creo que en la Universidad de la República a esta altura somos bastante escépticos acerca de que este pueda ser el camino adecuado. Lo cierto es que el hospital requiere urgentemente una reestructura edilicia. No está brindando atención en condiciones justas, y no hay recursos humanos en condiciones adecuadas, y es uno de los pocos hospitales púbicos en donde no se ha hecho una reestructura edilicia profunda. Por lo tanto, acá hay un diálogo muy importante con el Poder Ejecutivo: con sus propios recursos la Universidad de la República no va a poder encararlo de manera sistemática.

Roberto Markarian

El proceso de discusión de la llamada reestructuración es bastante más prolongado de lo que se suele comentar. Contó con el firme y decidido apoyo del aparato central de la Universidad, no solamente del rectorado sino del Consejo Central, y con el apoyo de algunos servicios especializados que colaboraron para que el estudio tuviera seriedad y nos convenciera de que podemos hacerlo. Solo voy a nombrar uno porque me parece que muchos se han olvidado: hicimos estudios costosos para estudiar si la estructura del Hospital de Clínicas soportaba la transformación que queremos hacer. El estudio demostró que el hospital no estaba muy bien en su estructura, hierros oxidados, agujeros hechos en las grandes vigas o si la cimentación estaba bien. O sea, si el hospital, que fue inaugurado en 1950 pero fue terminado bastante antes, estaba en condiciones de ser rehecho, por decirlo de alguna manera, de acuerdo con las nuevas pautas de la medicina y de la asistencia. Eso se hizo, se estudió y el resultado fue que si no vamos a querer gastar ciento veinte millones, que fue el número que se dio oportunamente, y ciento cincuenta para hacer aquello, gastar diez millones de dólares arreglando todo aquello no era mucho dinero. Lo que queríamos era que el hospital dejara de ser “de clínicas” con minúsculas. Ese es el gran cambio desde el punto de vista de lo que se quería concretar: que los dueños del hospital no fueran los profesores de las distintas especialidades uno por uno sino que fuera un hospital de exigencia global, y que los locales del edificio fueran usados las veinticuatro horas del día, y no cuatro, como resulta que los usan los profesores de otorrinolaringología, de los pulmones o del diafragma. Ahora es así, porque es el “clínicas” no con mayúscula sino con minúscula. El gran cambio es ese, ese y las nuevas tecnologías de la salud humana, que permitieron que quedaran ocho pisos libres en el hospital. Esa transformación es la clave. Intentamos más de lo que dijo Arim en financiación. Intentamos que el Poder Ejecutivo aceptara la financiación de las obras con un descuento sistemático, aplicando leyes existentes, para los aportes patronales a la seguridad social. Eso nos hubiera dado para hacerlo. La respuesta famosa de que la PPP es la única manera es respuesta negativa a ese pedido, firmado por el ministro Astori y por el ministro de Salud Pública. Los intentos posteriores dieron que era difícil hacerlo en PPP y el Consejo Central resolvió parar. Lo dije y lo reitero: siento dolor por no poder seguir con esa propuesta que elaboramos para el Hospital de Clínicas, y esa elaboración se hizo con el gran aporte del Hospital, de la Facultad de Medicina y del Consejo Central para lograr saber cómo queremos el hospital moderno. Y ese proceso debemos seguirlo porque no es un aporte solamente a la Universidad sino al país.

¿Qué políticas propondrían priorizar en caso de incremento cero en la próxima rendición presupuestal?

Roberto Markarian

Puedo decir lo que dijimos que queríamos priorizar en la actual rendición de cuentas, que sigue en trámite, y no con costo cero pero con costos muy bajos. Eso es lo que puedo decir. Y podemos priorizar algunas cosas que son costos externos y que tienen que ver con el uso de los dineros del Fondo de Solidaridad, que son dineros que van a seguir viniendo aunque nos mantengamos en cero en la rendición de cuentas. Sobre esto me extiendo brevemente. Está claro que el sistema de becas no ha sido totalmente eficaz. Hay evaluaciones negativas de algunas cosas que se han hecho con el Fondo de Solidaridad, y voy a dar un solo ejemplo: tratar de financiar actividades para materias difíciles, y el resultado no ha sido muy bueno. Las dificultades que hay en los primeros años de la vida universitaria no son solucionables ni solucionados, aparentemente, con los dineros que se invierten becando a los estudiantes de primer año. Son datos que surgen de informes recientes, y es un problema que muestra que los problemas que tenemos al ingreso de la Universidad no se arreglan solamente con dinero y que son mucho más complicados y que hacen a la estructura de la institución. Yo tengo larga experiencia en la Facultad de Ingeniería, de repetir cursos del primer y segundo semestre, anual todo eso desde hace muchos años, y las dificultades que hay para lograr cosas buenas son grandes. Luego está el dinero que entra por el adicional: más de la mitad de lo que gastamos en construcciones actualmente está financiando por el adicional del Fondo de Solidaridad. Las construcciones nuevas que estamos haciendo tienen una parte de dinero presupuestal, pero más de la mitad es dinero que ingresa por la vía del adicional. La posibilidad de usar el dinero adicional para otras finalidades no hay que cerrarla, porque el adicional tiene tres finalidades específicas en la ley que lo aprobó, que permiten usarlo no solo en construcciones. Eso es una cosa que hay que estudiar. Yo no lo he hecho. No me gusta meter versos, pero digo que esa posibilidad existe. Hay que mirarla con cuidado, pero existe. Si seguimos en esta seca, si no podemos poner funcionarios y tener gente que cuide de los lugares que creamos, habrá que ver si el destino que se le da al dinero puede ser otro. Lo digo con total sinceridad. En la seca va a haber que pensar cosas originales, no cabe la menor duda. La redistribución del aparato central de la Universidad es una gran tarea. Y digo la verdad: está claro que un segundo mandato permite hacer esto más fácilmente, porque uno no tiene que cuidar las espaldas. Ahí hay que meter mano, así dicho, con la sinceridad que tengo para cualquier cosa. Qué sale de ahí, no me animo a decirlo ahora. Cuántas extensiones de horario, o cuántos sueldos altísimos que hay que sacar, no me animo a decirlo pero me animo a decir que es un tema a discutir, no tengo ninguna duda.

Rodrigo Arim

Pensar en contrafactual con presupuesto incremental cero es un ejercicio muy complejo. Creo que como universitarios la primera respuesta que tenemos que tener es que tenemos que asumir proteger algunos programas. Eso quiere decir evitar estar atendiendo la diversidad enorme y absolutamente justificada de requerimientos que tiene la institución en toda su extensión. Es priorizar, en realidad. Creo que hay dos programas que hay que priorizar. Uno es el programa de dedicación total. Es caro pero es central para la Universidad de la República. Sin un programa de dedicación total que tenga la capacidad de absorber el flujo de nuevos docentes que quieren dedicar su vida laboral a la creación de conocimiento y a la enseñanza, difícilmente podamos tener mecanismos de renovación y de cambio académico solvente a lo largo del tiempo. Por lo tanto hay que proteger, y lo hemos protegido, y hay esfuerzos sistemáticos de la institución en donde hemos intentado evitar una lógica en donde el programa termine estando, como creo que está hoy, en una situación de desfinanciamiento profundo, donde tenemos una larga cola de docentes aprobados académicamente pero sin capacidad de la institución de sostener el ingreso efectivo al régimen de dedicación total. Esto tiene costos de largo plazo. Generaciones de docentes que no se incorporan a la institución es un costo de largo plazo que paga la institución. No tiene que ver con el caso de nadie en particular. A veces son generaciones de jóvenes formados en el país o fuera de él y que no logran tener un espacio razonable para desarrollar la investigación o la extensión. Por lo tanto tenemos que apostar a proteger el programa de dedicación total. Eso quiere decir mirar con mucha atención los recursos que se fueron liberando, para mantener un flujo. Segundo elemento: hay que proteger la enseñanza de grado. Si queremos generalizar la enseñanza superior tenemos que ser capaces de protegerla, fundamentalmente en los tramos iniciales. Tengo un matiz con el rector en cuanto a que las becas no funcionan para algunas materias en particular. Funcionan cuando se logran sostener en el tiempo y se comparan con acciones similares. A veces tiene que ver con la innovación, no solamente en los procesos sino en los contenidos y en la forma en que se imparte la enseñanza En un contexto de restricciones priorizar dos temas: enseñanza de grado focalizada en los primeros años, y régimen de dedicación total. No quiere decir que no haya otras prioridades, está claro. Estamos hablando de un escenario de incremento cero. Y tenemos que aprovechar esa mala noticia para discutir las estructuras. La funcional, la normativa, la académica, que nos permitan elaborar un potente proyecto de ley presupuestal para ser presentado al parlamento en dos años. Ahí se nos juega la vida, y mucho más que el próximo rectorado, que de hecho no va a disfrutar las bondades si nos va bien en la ley presupuestal. Es muy importante que la Universidad de la República tenga un proyecto sólido, que sea entendible y en el cual el país tenga la posibilidad de invertir. Esto requiere mucho trabajo universitario para los próximos años, en condiciones que posiblemente no van a ser las mejores.

¿Piensan que el cargo de rector es fundamentalmente un cargo académico o un cargo político?

Rodrigo Arim

Son las dos cosas, es inseparable. Es un cargo que requiere capacidad política para construir agenda institucional, pero es un cargo de conducción colectiva de una institución académica. Es inseparable, por lo tanto. No es un mecanismo de gerenciamiento, no vamos a contratar un gerente para que haga esto, pero tampoco es un cargo donde un académico que no tenga ciertas habilidades para la gestión política cotidiana debiera ocupar. Es un cargo de gestión política y académica de la principal institución académica que tiene este país.

Roberto Markarian

El cargo que tengo ahora es el primer cargo rentado en la administración universitaria que tenga. Hasta hace cuatro años solo fui profesor de la Universidad de la República. Creo que mi formación académica, tardía por razones de mi vida personal, me licencié cuando tenía cuarenta y un años, después hice todo muy rápido. Eso hizo que mi vida de gestión o conocimiento de la institución fuera previo a mi formación académica, por más que mi vida de estudio, o lo que sé de matemáticas, como me gusta decir, lo aprendí cuando tenía entre diecisiete y veintiún años. Después hice todos esos estudios que caracterizan mi vida profesional en la matemática. A la institución hay que conocerla académicamente para opinar sobre ella. Eso lo digo con total fuerza. No se puede conocer bien una institución que tiene una finalidad académica si no se está en la academia. Categóricamente. ¿Por qué? Porque la idiosincrasia de nosotros es lo que nos hace potentes, el hecho de que asumamos las responsabilidades de construir ciencia, filosofía, ciencias sociales, de saber cómo piensa la juventud, y eso se hace en la academia, en el sentido más amplio de la palabra. Y se hace conociendo en país, y teniendo los pies manchados y el cuerpo roto por haber vivido duramente nuestro país tal cual es. Creo que todo eso junto es lo que hace a un buen rector.

El hombre nuevo

El hombre nuevo

9 de setiembre de 2018 | Brecha | enlace original

A pesar de que sus predecesores han chocado varias veces con el muro de reformar la ley orgánica, el candidato insiste en este punto como una de las principales promesas de su plataforma. También advierte las dificultades de negociar “con el revólver sobre la mesa” el presupuesto con el Poder Ejecutivo, y señala las desprolijidades que tuvieron los cambios en Extensión. Habló con Brecha sobre los vaivenes de su renuncia al decanato en 2016 y también de “una campaña no deseable” que ha plantado dudas acerca de sus títulos de posgrado. La recta final estará teñida de jugadas de este tipo, se lamenta.

—En este tiempo de campaña y debates se ha dicho que, al menos en el discurso, sus postulados y los de Roberto Markarian tienen más coincidencias que diferencias. ¿Cuál es a su entender el principal diferencial de su propuesta como candidato?

—Tengo la idea de que, más allá de los titulares y los grandes acuerdos, tenemos diferencias sustantivas que también son muy buenas. Por ejemplo apostar a cambiar la ley orgánica. En los últimos debates me queda la duda de si efectivamente Markarian ve el cambio de la ley como algo prioritario. Él ha mencionado varias veces que es un tema complejo y difícil, pero ¿qué
quiere decir?, ¿que no vamos a avanzar en esa dirección? En eso tenemos diferencias importantes.

Posiblemente también las tenemos en otras áreas. Hay que apostar a generar nuevos dispositivos de apoyo a los estudiantes y mallas curriculares que estén articuladas entre sí, entre ofertas terciarias y educación superior, de grado y de posgrado, que sean consistentes y que de alguna manera nos permitan revertir nuestros niveles de deserción, cosa que logramos en la Facultad de Economía en los últimos años.

Luego creo que tenemos ciertos puntos de acuerdo, como el trabajar sobre el estatuto del personal docente –que posiblemente se apruebe en breve– y sobre la carrera de funcionarios no docentes.

En el caso del Interior, creo que ha habido un proceso muy bueno que ha cambiado la distribución geográfica del conocimiento a una velocidad remarcable. Pero en los últimos años mi impresión es que no hemos logrado avanzar en la consolidación institucional del esfuerzo dedescentralización. Hay un conjunto de elementos que están sin definir,
entre ellos las propias estructuras de gobernanza de los centros universitarios regionales (Cenur), o cómo vamos a ir progresivamente emigrando a ciertos grados de autonomía de esos centros. La ausencia de algunas definiciones puede llevar a retrocesos importantes en ese proceso. 

—Dijo este lunes, en el segundo debate entre los candidatos a rector, que han chocado tres veces con la pared de cambiar la ley orgánica. ¿Qué le hace creer que usted sí logrará ese cambio?

—Certezas no tengo. Se está dando una configuración de fuerzas de colectivos que están apoyando mi candidatura, en la que uno de los elementos comunes es la necesidad de tratar la ley orgánica. Tratar es comenzar a construir nuevamente, a partir de las experiencias anteriores,
cuáles son los escenarios posibles de una ley orgánica para tener una propuesta universitaria. Va a ser un proceso complejo, no va a ser rápido, pero va a ser necesario.

La ley orgánica va a ser cada vez más una especie de camisa de fuerza para el propio desarrollo institucional de la Universidad. Fue pensada para una institución que tenía 15 mil estudiantes, y hoy tiene diez veces más. La voz de todas las facultades se escucha pero esa voz no se traduce siempre en capacidad de voto, y eso implica que haya una ciudadanía de primera y otra de segunda en la institución, algo que no podemos ignorar.

No es la única motivación, entiendo que también la ley orgánica debe incorporar elementos de flexibilización de los mecanismos de decisión. Todavía tenemos dificultades para generar espacios que hagan más ágil el funcionamiento del gobierno. Este aspecto es importante porque la Universidad tiene que pensarse de acá a 20 o 30 años, y no podemos pensarnos con base en los conflictos que nos atañen cotidianamente o los reclamos puntuales que aparecen en la coyuntura.

Otro elemento importante es que tenemos que quebrar cierta lógica de funcionamiento federativo. Hoy tenemos una ley orgánica que funciona con base en los servicios o facultades, quizá ya es momento de que jerarquice otras instancias, como las áreas sociales o los centros universitarios regionales presentes y futuros.

SEGUIME EN ESTA

—La reforma del área de Extensión fue muy polémica. Usted mismo ha reconocido que participó activamente de todo el proceso de cambios. Por ese motivo Markarian declaró a Brecha que lo que tendría que decir usted es “yo apoyo todo lo que se hizo”. ¿Qué opina al respecto?

—Como integrante del Cdc y por un criterio de lealtad institucional, por supuesto que participo en todos los procesos en los que soy convocado. Y he participado del proceso de reforma de Extensión, he hecho acuerdo con algunos lineamientos, por ejemplo con la ampliación del concepto de extensión, y con otros no. Me parece que es una manera reduccionista de ver el problema, cuando yo he señalado en varias ocasiones, por ejemplo, que no me pareció adecuado el proceso por el cual se fue renovando a los docentes por motivos muy parciales, de forma muy precaria. Creo que eso fue un error de procedimiento que crispó e hizo mucho más complejo el proceso de discusión interna en la Universidad con respecto a la extensión.

—En el primer debate usted dijo que esos cambios en Extensión no se habían hecho de la forma más prolija posible, habló de la necesidad de rendir cuentas y del correcto seguimiento de los fondos. ¿A qué se refería en concreto?

—Según la propia resolución que decidió el proceso de reestructuración del área, los servicios tenemos la obligación de rendir cuentas de cómo utilizamos esos fondos adicionales para hacer actividades adicionales de extensión y relacionamiento con el medio. Hasta el día de hoy eso no
se concretó. Entiendo que está en proceso en algún ámbito de la sectorial, pero no ha llegado al Cdc…

—En el debate del lunes dijo que se siente muy cómodo con las redes que se han formado detrás de su candidatura. Al principio de la campaña se habló de un bloqueo político, por el cual Markarian consiguió los apoyos para llegar al rectorado pero no para aplicar su programa. ¿Cómo definiría los respaldos que usted tiene hoy?, ¿le preocupa que esos respaldos en algún momento también le retiren el apoyo?

—En los juegos democráticos, la posibilidad de que haya movimientos existe. Entiendo que los respaldos a mi candidatura –a nivel docente en particular– tienen la enorme virtud de ser muy amplios en términos de servicios, abarcan disciplinas muy variadas y están todos generados a
partir de un discurso programático. No es un discurso que confronta con gestiones previas, incluyendo el rectorado de Markarian, sino que el apoyo a mi candidatura se generó a partir de un programa que presenta un conjunto de tópicos para tratar en los próximos años. Es una red
muy amplia de docentes, no docentes y egresados que se han encolumnado detrás de un proceso que tiene un documento muy claro con las prioridades y la necesidad de mejorar el clima interno de trabajo en la institución.

CON EL REVÓLVER SOBRE LA MESA

—Sobre la posibilidad de utilizar la modalidad de participación público-privada (Ppp) como forma de financiamiento dentro de la Udelar, ha expresado que hay que buscar otros mecanismos más idóneos. ¿Cuáles serían?

—El mecanismo de financiamiento a través de la Ppp no fue fructífero en la Udelar. Creo que el problema del tema presupuestal no es que haya que buscar otras alternativas, sino que lo que se requiere son más dotaciones de presupuesto público. No hay plan B en esto: sin inversión incremental en educación, por parte del Estado uruguayo, difícilmente podamos tener sendas de crecimiento sostenidas en el tiempo.

Y probablemente los siguientes no sean los mejores cuatro años para ser rector, claramente. Con dos años de presupuesto congelado y dos años en los que vamos a estar discutiendo con el Parlamento la nueva ley de presupuesto quinquenal… Entiendo que ante un escenario de
congelamiento presupuestal la Udelar tiene que hilar muy fino
y proteger algunos programas, como el de dedicación total para los jóvenes docentes, que les permite iniciar su carrera en condiciones adecuadas.

—También mencionó que del otro lado de un proyecto de Ppp como el del Hospital de Clínicas hubo un Poder Ejecutivo que no asumió ese compromiso que implicaba décadas, y por eso no se llegó a buen puerto. ¿Qué conclusión le queda de ese episodio?

—Hay dos conclusiones. La primera es que la Udelar dio una discusión desacertada. En la discusión en realidad se colocó un instrumento –que tiene dicultades– como si fuera una cuestión de principios. Y siempre que hay una trasmutación de instrumentos y principios las consecuencias no son buenas. El segundo elemento tiene que ver con que efectivamente, por características del proceso presupuestal en Uruguay, hay algunos riesgos políticos importantes al financiar una obra de la magnitud del Clínicas mediante una Ppp. El más importante es que en realidad eso implica que
el Poder Ejecutivo tenga que asumir compromisos de incrementos presupuestales sostenidos en el tiempo. Es muy probable que, en la medida que haya compromisos de esa naturaleza, éstos se cumplan. Pero el riesgo es que, si en algún momento el incremento presupuestal de la
Udelar llegara a ser bajo, todo este incremento sea absorbido por la cuota de la Ppp. Y ahí quedás sin capacidad de maniobra para otras políticas institucionales.

Todos los instrumentos de Ppp tienen dificultades. Por ejemplo, cómo se controlan las empresas o cómo se genera un contrato completo que establezca todas las contingencias posibles y que evite que ciertas empresas luego terminen apropiándose de ciertas rentas. Eso es muy complejo de hacer, y en un hospital de estas características es más complejo aun.

Decisiones como ésta, cuyas consecuencias implican a toda la Udelar en su funcionamiento a largo plazo, no son triviales ni obvias. Ese es uno de los argumentos por los cuales algunos tuvimos dudas en su momento.

—¿Cómo imagina la relación con el Poder Ejecutivo en caso de ser elegido rector? ¿Cómo la manejaría?

—En primer lugar con un criterio de autonomía, que no es independencia ni autarquía. La Universidad es autónoma, nos debemos a la República, por lo tanto necesariamente tenemos que estar vinculados a las necesidades del país. Pero la Udelar no puede permitir que se la instrumentalice. No porque el Poder Ejecutivo crea que en determinado momento que hay que
salir a estudiar ciertos temas la Universidad tiene que ir al encuentro de esos requisitos. Pueden ser necesidades muy cotidianas y muy válidas, pero una universidad no puede estar bailando al servicio de este tipo de demandas puntuales o de corto plazo.

Sí hay que cultivar los vínculos a largo plazo. Tuvimos uno interesante con el despliegue de las políticas de transferencias de ingresos, en el que una relación de largo aliento entre el Mides y la Facultad de Ciencias Económicas permitió aportar elementos al diseño de políticas. Pero el
responsable de las políticas es el Poder Ejecutivo, y la facultad sólo ha aportado elementos de corte académico. No siempre ha sido así, en otros momentos se han atendido demandas puntuales de un ministerio o un organismo público, pero la Udelar no puede cambiar su agenda por esos requerimientos puntales.

Van a venir momentos de tensión con el presupuesto, de imprescindible tensión. Habrá que gestionarla como corresponde desde una entidad colectiva. Pero es indudable que esa tensión va a existir en cualquier escenario de gobierno futuro. Ya existe hoy.

—En el último debate planteó que una de sus propuestas es formular de ahora a dos años un proyecto de ley presupuestal que detalle los costos de cada una de las líneas programáticas y las prioridades de la Universidad. Eso evitaría la discusión año a año “con el revólver sobre la mesa” por los recursos. ¿Cómo sería ese proyecto?

—La ley quinquenal de la Universidad de la República no es una mala ley, pero no alcanza el grado de especificidad al que queremos llegar. Nosotros presentamos esa ley quinquenal y luego el Poder Ejecutivo hizo este absurdo de votar el presupuesto cada dos años. 

Entiendo que tenemos que ir hacia una etapa superadora que sea mucho más específica y cruda sobre qué es lo que se va a hacer con los recursos incrementales, cuáles son los costos específicos, y en todo caso transparentar cuáles son los problemas y los líos a enfrentar si
aquellos no se concretan.

—Markarian ha dicho que es un error trivializar la complejidad de los problemas que tiene la Udelar, que es “inocente” no ver las dificultades que existen para cambiar. ¿Qué contestaría a eso?

—La adjetivación en estos procesos de discusión es un error. Y en realidad nadie está negando las dificultades de los procesos de transformación de la Udelar. En la discusión sobre la ley orgánica obviamente no tenemos comprado el éxito, pero tenemos que encarar esa necesidad de una manera activa, debemos construir los espacios institucionales para poder avanzar en este plano. Para nada desprecio las dificultades, pero ni las dificultades políticas ni las presupuestales pueden ser una excusa para que la Universidad se discuta a sí misma.

Reformúlemelo, doctor

—Un comunicado de la Feuu publicado el martes de esta semana señala contradicciones acerca de sus títulos de posgrado. Específicamente sobre los títulos de “doctor” y/o “magíster” que aparecen en varios documentos, pero que usted nunca terminó de obtener. ¿Qué tiene para decir al respecto?

—Lo único que tengo para decir son dos comentarios: lo primero es que es
público y notorio en la institución que no soy doctor, no es un misterio para ningún universitario, en particular para esta facultad (Economía). Por lo tanto acá no hubo en ningún momento un aprovechamiento de una
situación de esbozar un título que no tengo en ningún evento de corte
académico universitario.

Segundo: es probable que yo haya cometido algún error en algún caso
puntual, vinculado a convenios anuales en el año 2010, cuando armé
un documento donde figuraba en el pie de página la palabra “doctor”. Tiene que ver con que diariamente firmo muchos documentos. Obviamente no detecté el error, es mi responsabilidad en ese caso, pero ese mismo documento fue corregido por nosotros en 2011, 2013 y 2015.

Creo que esto es parte de una campaña no deseable, que le hace mucho daño a la Universidad, y que busca que el proceso de elección de autoridades esté teñido de jugadas de este tipo.

—El propio portal de la Udelar menciona, en la nota con motivo de su asunción como decano de la Facultad de Economía, en 2010, que usted obtuvo un doctorado y una maestría en la Universidad Torcuato Di Tela.

—La Udelar tiene un problema mucho más serio en general en ese sentido, y me refiero a que hay publicaciones oficiales en las que a varios docentes se los nombra con títulos que no poseen. No tenemos una política sistemática que asegure que en las publicaciones oficiales y en las actas, por ejemplo del Cdc, aparezca siempre en forma correcta la titulación de las personas que lo integramos. Es un problema de la institución. No es un error personal. Claramente hay un tema de que uno no se entera de que esto está publicado en la web o en las actas.

Los ejemplos usados (por la Feuu) no me atañen en particular. Es un
problema general que se está usando para argumentar una cosa puntual y
establecer una campaña, que cada uno calificará a su manera. 

La renuncia que no fue
El amague

—En mayo de 2016 planteó públicamente su renuncia al decanato de Economía, incluso sugirió la posibilidad de volver a su cargo docente como investigador. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

—La motivación de esa renuncia tenía que ver con un bloqueo interno de la facultad, cuya clave medular era que no habíamos logrado avanzar en los acuerdos relativos a dos procesos complejos: uno era la estructura de las remuneraciones docentes, que estaba desacoplada de la realidad del resto de la Universidad de la República y que presentaba niveles de inequidad muy importantes. Docentes con cargas horarias parecidas y del mismo grado tenían niveles de remuneración muy distintos. Y por otro lado, la necesidad de evaluar y reformular toda nuestra oferta de posgrados.

En el primero de los casos había comisiones cogobernadas que venían
funcionando, pero que no habían avanzado de forma relevante luego de casi tres años. La ausencia de voluntad política hacía que las principales líneas de transformación que tenía previstas para el segundo decanato no fueran viables, entonces entendí que tenía que dar un paso al costado y que otros asumieran la conducción.

¿Qué fue lo que cambió? Los colectivos tomaron la decisión de que teníamos que tratar y resolver esos temas, y los resolvimos. Luego de que presenté mi renuncia en mayo de ese año, de inmediato en los siguientes seis meses se aprobó una pauta de remuneraciones docentes que establecía la obligatoriedad de la rotación en las funciones, con pautas de acceso más
transparentes y con llamados internos.

Y en eso tengo que reconocer en particular el papel de la Asociación de
Docentes de la Universidad de la República (Adur), que mandató a sus consejeros para que ese tema fuera tratado y aprobado. Entonces, la no
concreción de mi renuncia tiene que ver con que efectivamente logramos
avanzar en una agenda que era compleja, cuyas transiciones eran costosas y en las que había intereses creados y muchas resistencias.

—Fue como un mensaje, entonces: “Miren que si no
logramos esto me voy”…

—No. Antes de presentar mi renuncia hablé con varios colectivos, nunca lo
planifiqué como un elemento de negociación o una amenaza. Desde Adur me pidieron que me quedara. Todos los órdenes me pidieron que me quedara, con el compromiso de tratar de resolver ese tema.

—Un vaivén similar se dio en estos meses antes de lanzar
su candidatura…

—Mi candidatura no tuvo vaivenes. En realidad simplemente esperé… Ser
candidato a rector sólo por ser rector no me parecía que correspondiera. Sí
serlo en un contexto de acuerdo y apoyos amplios que aseguraran poder
trabajar sobre algunas agendas de transformación. Cuando esos apoyos
fueron visibles tomé la decisión de ser candidato. Me convencieron.

 

 

Equipo de Arim advierte por “denuncias falsas” que quitan el foco del “debate de ideas”

Equipo de Arim advierte por “denuncias falsas" que quitan el foco del “debate de ideas”

5 de setiembre de 2018 | la diaria | enlace original

La FEUU había planteado dudas respecto de su trayectoria académica, pero el candidato aclaró que no tiene un doctorado.

El martes la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) difundió una resolución aprobada el lunes en su Consejo Federal en la que afirma que hay “graves contradicciones en la información existente de alcance público respecto a la formación académica del profesor Rodrigo Arim y los títulos que posee”. La declaración, promovida por el Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación (CEHCE), señala que desde 2010 a la fecha, “en diferentes declaraciones” de Arim, “páginas institucionales tanto centrales como de la Facultad de Economía, firma de convenios, actas parlamentarias y municipales, y entrevistas, el profesor Rodrigo Arim aparece como ‘doctor’ y/o ‘magíster’”, pero “esos títulos no están acreditados” en sus currículos publicados por el Sistema Nacional de Investigaciones y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación. “Ante resonados casos públicos y para ahorrarle a la Universidad una vergüenza, solicitamos al profesor Arim que declare públicamente cuáles son los títulos de posgrado que posee”, concluye.

Un comunicado del equipo de Arim, ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración (FCEA), lamentó que se hubieran difundido “denuncias falsas que quitan el foco del debate de ideas, de la ampliación de la calidad democrática de nuestra institución”. Respecto de lo planteado por la FEUU, asegura que Arim “aclaró en distintas instancias públicas, medios de prensa, así como en los órganos universitarios, que cursó estudios de posgrado sin finalizarlos” y llama “a la comunidad universitaria a defender el debate, la lealtad y la democracia institucional”. “Nadie puede callar ante estos atropellos, en tanto la defensa de la democracia universitaria es una tarea de todas y todos quienes la habitamos”, advierte.

Clima electoral

La FEUU resolvió por mayoría presentar el tema en el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República, y el martes lo hicieron Andrés Fernández, del CEHCE, y Lucía Gutiérrez, del Centro de Estudiantes de Psicología. Plantearon casos en los que Arim fue presentado como doctor o magíster, e incluso comentaron entrevistas en las que aclaró que no tiene título de doctor. También dijeron que se presentó como cotutor de una estudiante de maestría, y alegaron que para desempeñar esa tarea se exige tener una maestría. María Simon, coordinadora de la Comisión Académica de Posgrados, aclaró luego que la ordenanza de posgrados no plantea ese requisito, sino el de ser grado 4 o 5.

El decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Marcelo Danza, les preguntó a los estudiantes si realmente tenían dudas, “porque acá dice que contestó más de una vez que no es doctor”. “Gran parte del sistema académico confunde al decano, a un grado 5, con un doctor, y suele pasar que nos pongan ese título. A veces da el tiempo de desmentir y a veces no”, opinó, y convocó “a que la universidad nos proteja” y se diseñen mecanismos “para que esto no pase más”. “Resulta que alguien empieza a rastrear y estos errores son culpa nuestra”, afirmó. Citando el caso de Raúl Sendic, manifestó que le preocupa que “entremos a jugar dentro, en el seno de la universidad, con esta situación”. “Entiendo que la pasión de la situación de la elección del rector y el involucramiento estudiantil pueda llevar a este tipo de planteos, pero me parece que hay cosas con las que la universidad no puede jugar”.

Tras algunas intervenciones, el rector Roberto Markarian, que busca su reelección, se retiró de la sesión, que quedó a cargo de Simon. La representante de la FCEA, Andrea Vigorito, explicó que en su facultad no hay dudas sobre la titulación de Arim: “Realizó estudios de maestría en [la Universidad Torcuato] Di Tella, en Argentina, y dio los exámenes para pasar al doctorado latinoamericano; hizo todos los cursos y después no terminó la tesis, volvió a Uruguay y siguió armando la tesis; no la terminó, entre otras cosas, porque asumió el decanato”. “Una discusión así genera dudas no sólo sobre las personas involucradas, sino también sobre el clima general y de la universidad”, lamentó.

El decano de Facultad de Ciencias, Juan Cristina, pidió que se discutieran “los temas que realmente importan”, y el de Humanidades, Álvaro Rico, cuestionó que se pidiera una aclaración pero se difundieran de antemano las dudas. Opinó que el CDC no debería pronunciarse sobre el tema, como no lo hizo semanas atrás ante “una denuncia que también provino de la FEUU, que también la propuso el consejero Fernández, y que refería a cuatro firmas de adhesión a una campaña, justamente también del profesor Arim”. Tras otras intervenciones, se dio el tema por suficientemente discutido sin tomar resolución. Simon comentó que Arim aclaró que no tiene posgrado y que “cada cual podrá formarse su idea” sobre el tema.