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Arim busca liderar un “recambio generacional” que le permita “gobernar” una universidad “bastante bloqueada” en discusiones estratégicas

Arim busca liderar un "recambio generacional" que le permita "gobernar" una universidad "bastante bloqueada" en discusiones estratégicas

23 de agosto de 2018 | Búsqueda | enlace original

Entrevista de Juan Pablo Mosteiro y Federica Chiarino

Rodrigo Arim es desde el domingo 19 oficialmente candidato al Rectorado de la Universidad de la República (Udelar). En una carta dirigida a la comunidad universitaria, dijo haber recibido “grandes muestras de apoyo y afecto” por el cierre de su etapa como decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), que concluyó el domingo 5, y a la vez otras provenientes “de un amplio y diverso espectro de universitarios y colectivos” que plantearon su candidatura a rector.

Este economista, de 46 años, ocho de ellos decano, opina que la universidad está “bastante bloqueada en algunas discusiones estratégicas”. También observa dificultades para saldar “viejas discusiones” y para encarar otras necesarias para la institución y para el país.
Según Arim, en las pasadas elecciones al Rectorado “se generaron alianzas inconsistentes” que comprometieron la gestión del actual rector y también candidato a la reelección en el cargo en octubre, Roberto Markarian, debido a que sus apoyos eran “profundamente heterogéneos” y resultaron “débiles”.

“Yo entiendo que una de las dificultades más grandes que hubo en los últimos tiempos es que no se generó una cohesión de la institución sobre los tópicos que debimos transitar durante los cuatro años”, opinó quien el 31 de julio asistió a su último Consejo Directivo Central (CDC) de la Udelar en calidad de decano y vicerrector de la mayor casa de estudios del país.

Lo que sigue es un resumen de la entrevista de Arim con Búsqueda.

—¿Por qué quiere ser rector?

—Distintos colectivos en diversos momentos me han planteado en los últimos meses que asumiera el desafío de ser candidato a rector. Yo creía que ese no era un escenario viable, entre otras cosas por un razonamiento de corte de lo que podía hacerse desde el Rectorado, hasta marzo.

—¿Qué le hizo cambiar?

—El cambio central entre marzo y esta fecha es que comienzan a plantearme la posibilidad de asumir este desafío núcleos más heterogéneos de docentes, estudiantes y egresados, lo que me hace pensar que detrás de mi candidatura se pudieran nuclear estas voluntades. La Universidad de la República necesita conjugar fuerzas y acuerdos para construir una agenda de transformaciones. No quiere decir ponerse de acuerdo sobre los contenidos específicos de los cambios que hay que instrumentar. Claramente no vamos a discutir qué ley orgánica queremos ahora. Pero tenemos que acordar su discusión, generar una metodología que nos permita avanzar sobre ella y saldar ese tema de fondo. Ese es solo un ejemplo.

—¿Por qué cree que la Udelar no ha logrado avanzar sobre esos temas de fondo?

—Creo que la universidad está bastante trancada, bastante bloqueada en algunas discusiones estratégicas. Tiene dificultades para saldar viejas discusiones y en otros casos para no instrumentar otras que son necesarias para que la universidad cumpla sus roles pactados con el país.

—¿Y a qué adjudica ese bloqueo?

—Tiene que ver con la configuración interna del gobierno universitario, que, como en todas las universidades, es un gobierno colectivo, y entonces es importante generar las voluntades que permitan ir construyendo una agenda de transformaciones. En algunos casos eso no es funcional a nuestra propia estructura y en los últimos años hubo una dificultad importante porque muchos de los colectivos que integran el cogobierno no estaban de acuerdo con agendas relevantes.

—¿Cuáles?

—Si no estamos de acuerdo en que es relevante avanzar en cambios de los planes de estudio, en instrumentar mecanismos que nos permitan mejorar el nivel de retención de los estudiantes a nivel de la formación de grado, en cambiar la estructura académica o en ir consolidando el proceso de descentralización en el interior, es bastante difícil que uno pueda converger en esos espacios. Por definición, una universidad no es un espacio de unanimidades ni debería serlo nunca. Pero hay que ser capaces de saldar algunas discusiones para avanzar.

—Usted logró “marcar agenda” como decano de Economía, no sin unos cuantos dolores de cabeza, pero otra cosa es el Rectorado…

—Justamente, yo tuve dudas de elegir este momento para presentar mi candidatura, por lo que pasó en la facultad, donde finalmente se definió un conjunto de tópicos a resolver. Entre ellos, la modernización del plan de estudios, la descentralización y la mejora de la estructura académica que era absolutamente feudal. Quebramos esa lógica y construimos una facultad bien distinta. Y sí, hubo sinsabores y la facultad enfrentó ciertos bloqueos que el cogobierno logró superar para aprobar reformas relevantes. Está claro que un servicio universitario es un mundo bastante más controlable. Pero los conflictos son parte de la vida institucional. Por ejemplo, la universidad discutió cambiar la Ley Orgánica años atrás, pero no logramos converger, entre otras cosas porque cambió la correlación de fuerzas internas. Lo cierto es que si no se logra sostener algunos ritmos de transformación estructural, vamos a frustrar a contingentes importantes de docentes, funcionarios no docentes y estudiantes.

—¿Cómo aplicará esa agenda de transformaciones sin un incremento presupuestal en 2019?

—Estos cuatro años van a ser particularmente complejos para la universidad. Son dos años con un presupuesto que no es muy halagüeño. El año que viene, año electoral, no hay presupuesto nuevo. Este diseño presupuestal genera problemas muy serios para planificar el funcionamiento de la institución. Serán cuatro años complejos, pero pueden ser muy fermentales, en la medida en que la institución procese una discusión amplia sobre su transformación interna, la descentralización y la promoción de la vida académica de los jóvenes.

—¿Qué quiere decir con eso?

—La Udelar concentra entre el 75% y el 80% de toda la investigación y toda la docencia de educación superior. En un país pequeño, el hecho de que la universidad no logre generar oportunidades de inserción dinámica de jóvenes docentes provoca un daño tremendo. No es ciencia ficción. Entre fines de los noventa y comienzos de los 2000 hemos perdido cohortes enteras de investigadores y docentes potenciales que decidieron radicarse fuera del país.

—Usted dijo en el programa radial Fácil Desviarse que Uruguay es uno de los países de la región que invierten menos en educación pública. ¿En qué medida eso explica esa sangría?

—Desde 2005 a la fecha hubo un incremento importante en el presupuesto en educación. Pero a veces perdemos la noción de que ese incremento se da en el marco de un país cuyo nivel de inversión en educación pública es muy bajo en el contexto regional. Es cierto que pasamos de cerca del 3,3% al 4,5% del PIB de inversión pública en educación. Pero los países que lo están haciendo bien invierten 6% o más en ella. Finlandia está en 7,5%. Desde Chile hasta Brasil todos están arriba del 6%. Uruguay sigue teniendo un rezago importante. Tenemos que ser muy claros y precisos en esto, y señalar las dificultades que tendremos si no ajustamos algunos ritmos de esta inversión.

—¿Cuáles son sus principales diferencias con respecto a Markarian?

—Uno de los problemas centrales que tenemos en la universidad y que ha emergido con mucha claridad en los últimos cuatro años tiene que ver con los procesos en que se dio la última elección electoral, porque se generaron alianzas inconsistentes. Si bien Roberto Markarian logró los votos, el conjunto de respaldos electorales que reunió implicó apoyos que desde el punto de vista sustantivo sobre las políticas de la universidad eran profundamente heterogéneos. El día después a cuando uno asume el Rectorado, por suerte, y esto es muy sano, el rector tiene escaso poder. Lo que debe tener es capacidad de construir una agenda, ese es un rol central. Para eso, el núcleo de apoyos que se da en el proceso de elección del rector debe ser consistente con la agenda que se quiere construir. Yo entiendo que una de las dificultades más grandes que hubo en los últimos tiempos es que no se generó una cohesión de la institución sobre los tópicos que deberíamos transitar durante estos cuatro años.

—¿Quiere decir que eso debilitó la agenda del rector?

—Sí, debilidad en cuanto a la instrumentación. No quiere decir negar la diversidad, que es muy sana en la universidad, digo que la elección del rector no debería ser simplemente un proceso de juntar votos. Debe ser un proceso de juntar voluntades atrás de algunas definiciones y sendas de transformación. Ocupar la silla por cuatro años simplemente por ocuparla no es la idea.

—Usted planteó en la diaria sus ejes programáticos: cambios en la Ley Orgánica, condiciones y estímulos para la creación científica y cultural, facilitar procesos de formación de posgrados, mejorar el clima interno y construir coaliciones. ¿Y si no consigue los apoyos para eso?

—Como en todo proceso político, ese es un riesgo. Nadie tiene la certeza. Las condiciones que se dieron en las últimas semanas y la capacidad de nuclear acuerdos en torno a mi candidatura es el mejor camino para evitar que eso suceda y que seamos capaces de construir una agenda con todos los colectivos, con quienes apoyan esta propuesta y con los que apoyan a Markarian.

—Usted tiene 46 años (Markarian 71) y también se ha rodeado de mucha gente joven, ¿con su candidatura también busca un recambio generacional en la conducción universitaria?

—Obviamente ese no es el eje neurálgico que debería ordenar la elección del rector, pero es natural y sano que una institución procese sendas de renovación en sus cuadros de conducción. Parte de los apoyos tienen que ver con sesgos distintos desde el punto de vista de la composición y el recambio generacional. También es muy importante la diversidad de apoyo a nivel de los servicios. O sea, tener apoyos diversos y que atraviesan toda la estructura de la universidad para cumplir los ejes programáticos desde una lógica que no sea autocomplaciente.

—Ha dicho que a la Udelar le ha costado definir los temas sustantivos por discusiones muchas veces estériles. ¿Ese es un problema de profundidad o de velocidad?

—En la medida que no somos capaces de construir una agenda consensuada… El cogobierno tiene que ser capaz de establecer objetivos, procesar discusiones democráticas y tomar decisiones en tiempos razonables. Lo que no puede ser es que haya ciertas discusiones que se eternicen o que desaparezcan repentinamente de las agendas, como pasó con la Ley Orgánica.

—¿La universidad está “absolutamente paralizada” porque Markarian consiguió los votos para llegar al Rectorado pero no para aplicar su agenda, como dijo a El Observador Analía Ruggieri, dirigente del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas?

—No sería tan extremo. A veces se transmite la idea de que la universidad no se transforma, y eso no es cierto. Lo que creo es que en los últimos años hemos tenido dificultades para avanzar en la agenda. Quizá el más importante de todos, y ojalá lo logremos aprobar ahora, luego de casi 10 años de discusión, es el nuevo estatuto del personal docente.

—¿Cree que ese será el gran logro de la actual gestión?

—Eso es algo que debería juzgarlo el actual rector. Hubo también una reestructura de extensión universitaria. Hubo un intento de avanzar en el tema del Hospital de Clínicas. Lo cierto es que lo del estatuto, si se concreta, es un logro importante para la institución. Ojalá que se vote este mes.